Archivos mensuales: Enero 2009

 

Fincher, Roth, Pitt, Blanchett

Fincher, Roth, Pitt, Blanchett

El relato “The Curious Case of Benjamin Button” de F. Scott Fitzgerald publicado en Tales of the Jazz Age (1922) dió lugar al libreto de la película homónima. En el original al señor Button le presentan a su hijo recién nacido, un amasijo de piel y huesos con la apariencia de un anciano de setenta años que le pregunta: ¿tú eres mi padre?. Button responde: “¿De dónde en el nombre del Señor vienes tú? ¿Quién eres tú? y Button junior dice: “No puedo decirte exactamente quien soy yo” (…) “porque he nacido hace unas pocas horas – pero mi apellido es ciertamente Button”. Como puede verse Benjamín Button no nace siendo precisamente un bebé. En la parte siguiente del relato el señor Button viste a su hijo que mide poco menos de 175 cm. Este último le pregunta cuál irá a ser su nombre y Button padre contesta: “…pienso que te llamaremos Matusalén”. Afortunadamente desiste de esa intención y se lo lleva a casa. Para él Benjamín es un bebé así que decide tratarlo como tal. Pero Benjamín tiene pensadas otras cosas: come pan con mantequilla, no se interesa por los juguetes, fuma e incluso lee la Enciclopedia Británica. La sociedad de Baltimore -no la New Orleans del libreto y la película- acepta al retoño de los Button. Sus maneras no son las de un niño:

“…Lo juntaron con varios niños, y él pasó una tarde aburrida tratando de interesarse con las canicas -incluso consiguió, accidentalmente, romper una ventana de la cocina con una piedra usando una resortera, una proeza que secretamente encantó a su padre. Así que Benjamin trató de romper algo todos los días, pero sólo hacía estas cosas porque era lo que se esperaba de él, y porque estaba naturalmente obligado a hacerlo.

Cuando se disipó el antagonismo inicial de su abuelo, Benjamin y ese caballero  disfrutaron mucho uno en compañia del otro. Podían sentarse por horas (…) y como compinches de toda la vida, discutir con monotonía incansable los lentos eventos del día” 

En contraste el libreto de Eric Roth hace nacer a Benjamín con las dimensiones de un bebé que tiene facies de anciano y es incapaz de hablar. Fitzgerald puntualiza que Benjamín tiene conocimiento -pero no es capaz de explicar el porqué- de la avanzada edad de su cuerpo y mente al momento de nacer. Roth sitúa al Benjamín fílmico en un hogar de adopción y le concede poder leer unas cuantas palabras vacilantes rumbo a la primera década de vida. En el relato el asunto del rejuvenecimiento es advertido por Benjamín alrededor de los doce años. Su intuición excepcional le hace preguntarse “¿será posible?”.

Fitzgerald resuelve con ironía los años de la medianía entre los doce y veintiuno cuando aclara: “Suficiente registrar que fueron años de decrecimiento normal”. En este período Benjamín intenta matricularse en Yale lo cual no es posible pues no consigue convencer a maestros y alumnos de que realmente tiene dieciocho años. Poco después comienza a frecuentar el círculo de su padre y una tarde en la que este último se siente melancólico le dice a Benjamín: 

“El negocio de los textiles tiene un gran futuro”. Fitzgerald añade: (Button) no era un hombre espiritual – su sentido estético era rudimentario. 

Y como evidencia de esa precariedad Fitzgerald escribe (habla Button):

“Los viejos como yo no pueden aprender nuevos trucos,” observó él profundamente. “Son ustedes los jóvenes con energía y vitalidad que tienen el futuro ante sí”

¿”Jóvenes” con energía y vitalidad como Benjamín?

Benjamín conoce  a Hildegarde, su “amor a primera vista” y futura esposa (de quien Fitzgerald escribe que era “bella como el pecado”). A ella sus contemporáneos le parecen frívolos y sólo Benjamín, que aparenta cincuenta, está “justo en la edad romántica”. En este punto el relato difiere del libreto fílmico porque no se trata de una historia de amor “para toda la vida”: Fitzgerald dice descarnadamente que tras cierto tiempo de continuo decrecimiento a Benjamín solo le preocupaba una cosa: A los treinta y cinco “su mujer había dejado de gustarle”. Los encantos de la adorable Hildegarde no tardaron en desvanecerse, ella se tornó “muy asentada, muy plácida, muy conforme, muy anémica en sus emociones y de un gusto muy sobrio”. Esto provoca la ruptura definitiva. Su agitado y gozoso estilo de vida dificulta el cumplimiento de sus deberes laborales y familiares. Su hijo le suplanta a cargo del negocio familiar. Finalmente llegan los años inciertos de la juventud, la adolescencia, la niñez. Benjamín juega con su nieto, requiere niñera y alimentación especial. Las cosas dejan de tener significado concreto, gradualmente pierde todos sus recuerdos, su mundo se reduce a lo mínimo, las sensaciones se tornan vagas. Eventualmente la oscuridad suplanta todo.

Y en la película vemos un desfile de anécdotas a manera de parches para llenar la vida de un sujeto destinado a que no le pase nada. Trasplantado al siglo XX Benjamín Button conoce ancianos impactados por rayos, sopranos, pigmeos buscavidas, capitanes, esposas-sonámbulas-de-diplomáticos, algunas mujeres (a estas últimas podríamos decir que biblicamente), a su padre y su abolengo. Se hace a la mar, sufre en carne propia la guerra y se torna un vagabundo. Todo esto como un requisito para no caer en cuenta de las casi tres horas de proyección…

El original nos habla de la insustancialidad de la vida y aquí Roth trata de hacernos creer que no es así, que algo queda, o como dice la meliflua Daisy (alter ego de Hildegarde): “(que) algunas cosas perduran”.  

Por eso, sobre original y versión libre, sigo prefiriendo aquel relato de Alejo Carpentier: 

“Hambre, sed, calor, dolor, frío. Apenas Marcial redujo su percepción a la de estas realidades esenciales, renunció a la luz que ya le era accesoria. Ignoraba su nombre. Retirado el bautismo, con su sal desagradable, no quiso ya el olfato, ni el oído, ni siquiera la vista. Sus manos rozaban formas placenteras. Era un ser totalmente sensible y táctil. El universo le entraba por todos los poros. Entonces cerró los ojos que sólo divisaban gigantes nebulosos y penetró en un cuerpo caliente, húmedo, lleno de tinieblas, que moría. El cuerpo, al sentirlo arrebozado con su propia sustancia, resbaló hacia la vida.” (Viaje a la semilla – 1944)

 

 

Alejo Carpentier

Alejo Carpentier

 

Segunda parte de la trilogia "El declive del estado de bienestar"

Segunda parte de la trilogía "El declive del estado del bienestar"

Los setenta. El libro tiene un inicio Bond: secuencia de acción que nos describe el ataque terrorista a la embajada alemana en Estocolmo por el grupo Baader-Meinhof, probablemente aparición -en este caso nada rutilante- del protagonista seguida de explicación pormenorizada de los sucedido. Terminada la primera parte da la impresión de que hay un asunto no resuelto que será investigado mucho tiempo después. Inicia la segunda parte a finales de los noventa y vamos por otro derrotero: un asesinato pone en escena otra vez al investigador y protagonista, Bo Jarnebring y su compañera Ana Holt. La víctima, un tal Eriksson, ha sido hallado muerto en su departamento. Ignoramos el móvil. La vida de Eriksson, funcionario de medio pelo, es un misterio. Se sabe que fue próspero, probablemente por especulación financiera. Bäckstrom, el investigador a cargo,  supone que el asesinato fue motivado por un asunto pasional pero no aporta pruebas concretas para sustentar esa creencia. Cuando la investigación parece estancarse un policía involucrado tangencialmente en el incidente setentero con el que comienza el libro, un tal Stridh, aborda un día a Jarnebring con una sugerencia alocada: los dos casos están relacionados. Un nuevo salto y ahora estamos en marzo del 2000. Johannson, el mejor amigo de Jarnebring y jefe de la policía de seguridad sueca es informado de la existencia de cuatro colaboradores suecos en el incidente terrorista en la embajada alemana: Eriksson es uno de ellos. Sus únicas amistades conocidas, unos tales Welander y Tischler también figuran en la lista. Se desconoce la identidad del cuarto personaje involucrado y resulta que el predecesor de Johannson, Erik Berg, fue quien filtró la información sobre el cuarteto. No obstante Berg no está disponible y Johannson tiene que hablar con un individuo llamado Persson, un expolicía y antiguo colaborador de Berg que confirma la sospecha sobre Eriksson y además le explica a Johannson que nunca fue fichado porque trabajaba como informante para la policía. El encuentro entre Persson y Johannson termina con un dato interesante: podrá conocer la identidad del cuarto hombre visitando a Stridh, el don nadie que sugirió a Jarnebring la relación de los dos casos. Precisamente Stridh identifica el “cuarto hombre” que en realidad es mujer y para complicar las cosas un pez gordo del gobierno.

Johannson decide reabrir la investigación cuando faltan unos días para la prescripción del crimen de Eriksson. Por todo lo que está en juego él mismo advierte a su grupo que realmente no están tratando con un caso de homicidio.

Leif GW Persson

Leif GW Persson

 

Otro tiempo, otra vida (Leif GW Persson) es la segunda parte de la trilogía llamada “El declive del estado del bienestar” que está centrada en torno a los sucesos del asesinato no resuelto del primer ministro sueco Olof Palme el 28 de febrero de 1986. Otro tiempo… es un libro ágil que nos va contando lo sucedido en entregas. Persson emplea un amplio repertorio de recursos para hacernos participar de la investigación. Por ejemplo nos permite saber lo que están pensando los protagonistas, que afortunadamente no sólo tiene que ver con el misterio a resolver. Su experiencia de primera mano en criminología también colabora en el éxito del libro para transmitirnos verosimilitud. Encontré este libro durante una tarde de paseo en Bogotá y la verdad espero poder conseguir los otros dos integrantes de la trilogía: “Entre la promesa del verano y el frío del invierno” y “En caída libre, como en un sueño”. No es curioso que siendo sandwich me haya topado con el ídem de la colección.

El estado de bienestar aludido consiste en (la) 

“provisión y satisfacción de ciertas necesidades consideradas básicas de carácter económico, educativo, sanitario, etc., sancionadas por las sociedades modernas desde instancias diversas, así privadas como públicas, al amparo del Estado como garante y regulador” (http://www.educajob.com/xmoned/temarios_elaborados/filosofia/El%20Estado%20de%20bienestar.htm)

Los creadores del estado de bienestar reconocieron que la acumulación capitalista de riqueza por los propietarios implica el empobrecimiento de los no propietarios. La intención de las medidas sociales no es eliminar ese fenómeno de desigualdad sino limitar sus efectos mediante una redistribución menos discriminatoria de la riqueza producida. Sin duda el declive del subtítulo nos confronta con muy malas noticias que entendemos en una dimensión totalmente diferente ante la crisis mundial actual. 

Jueves 22 cerca al mediodía. Fugado en Bogotá luego de un recorrido largo entre Monserrate y la quinta de Bolívar paso por las atestadas calles que conducen al centro. Obviamente voy atento a la gente, los escaparates, cosas nuevas. En una esquina cualquiera (no me he familiarizado con los nombres de las calles -con numerales por cierto) leo “Empanadas mexicanas”. ¿Serán los localísimos pastes de Pachuca y alrededores o sus primos menos famosos, los volovanes del puerto de Veracruz?. Porque no creo que sean las empanadas de pascua u otras parecidas que son todo menos populares en un país (México) que no se precia por sus empanadas. Pero aquí reinterpretan algo que alguien comió por allá como nosotros hicimos con las (empanadas) tucumanas o en México con el spaghetti aunque quizá tendría que escribir espageti porque no es al dente ni a las finas hierbas o marinara. Nein. Es muy mexicano y habría que buscarle un nombre alternativo porque me recuerda la anécdota de quien conoce a alguien primero por la voz, de la cual se enamora y luego de cierto tiempo toca conocer físicamente a esa persona y las cosas no cuadran. 

Pero para evitar esa polución de cosas falsas estando aquí no trato de comer farofa ni ir a un rodizzio o deleitarme comiendo hamburguesas porque estoy en la tierra del ajiaco bogotano, la yuca frita, los patacones, las arepas y la bandeja paisa.

A propósito: en mi ciudad McDonalds quebró porque los gringos difícilmente podrían enseñarnos the real thing muchos menos pensando que en mi  rancho se puede perder un amigo pero no quedarse con hambre. Y puede ser que allá en mi tierra existan buenos rodizzios pero -Dios me salve- yo no voy a un lugar de esos por la barra de ensaladas. Y sí, los rodizzios son buenos pero no son plus ultra en cuanto a carne y creo que para tener una emoción gastronómica-chovinista hace falta ser un poco provinciano y visceral. Tal como uno de mis acompañantes en este viaje que afanoso con la realidad y el orgullo patriotero tuvo la genial ocurrencia de desayunar cereal con leche (¡yo no sabía que en su país inventaron los corn flakes!) y preferir la dudosa búsqueda de “un restaurante de espadas” en pleno Bogotá, que es como ir en busca Del Dorado por la avenida El Dorado, a un recorrido turístico planeado con anticipación. ¡La tripa es primero! o como diría la copla: Hay que vendaval / líbranos señora…/ ¡De este tremendo animal!

Afortunadamente como dije estuve fugado y no fracasé en la épica diligencia pantagruélica.

Anoto entonces otras tantas cosas falsas: el arrepentimiento de los jefes y los poderosos, el rodizzio perfecto, la cortesía profesional y el número telefónico que le apunté a una señora que me tomó una instantánea en la plaza de Bolívar cuando sugirió que quería devolverme la visita en México y que sería bueno tener un contacto y que mejor que yo y esos ojos tan serenos que me gasto. Bien decían mis ancestros: cuándo la limosna es grande hasta el santo desconfía.

 

 

La preciosa ciudad de Bogotá

La preciosa ciudad de Bogotá

Arrastramos el mal tiempo con nosotros: nubes, frío, lluvia. Un libro me sustrajo de una conversación por ratos odiosa. Según mi marco de correferencia arribamos a un valle alto, húmedo y verde. Hubo algo de turbulencia. Nuestra relación con la tecnología depende de vaguedades: si crees a pie juntillas que es prácticamente imposible que el avión caiga todo va bien. Pero eso es demasiado condescendiente con el hombre. Después de todo no fue tan grave. Tras cuatro horas y media de viaje llegamos al aeropuerto del Dorado, en Bogotá Colombia. Pasamos rápidamente por migración y nos dirigimos al hotel. Ese trayecto ya reveló una ciudad limpia y verde. Más tarde fuimos a pasear: si buscamos un epíteto para calificar Bogotá podríamos decir que la ciudad es roja. Aquí usan mucho eso que en mi tierra conocen como ladrillo visto, lo cual combinado con el gris del cielo nublado, el verde exuberante y las calles vacías de un domingo familiar amplían el disfrute y le confieren una emblemática distinción.  El camino hacia el centro estuvo plagado de imágenes de belleza. Una vez en el centro decidimos no caminar porque era un poco tarde así que en el taxi bordeamos la falda de los cerros que vigilan el valle. Monserrate y Guadalupe lucían imponentes pero por el tiempo no era posible apreciar sus encantos a plenitud. Enfilamos a la famosa zona T que está rumbo al noroeste de la ciudad. Tenía el dato de un restaurante de comida típica, un lugar llamado Club Colombia, al cual entramos para reponer fuerzas. En mi caso las especialidades locales constituían un redescubrimiento y para quienes me acompañaban todo o casi todo era nuevo. Comimos con fruición. Luego caminamos por la zona: la gente es amable y alegre. Te cuentan por todo lo triste que ha pasado esta ciudad tan bella: bombazos, narco, violencia. Queda la experiencia de la seguridad que no deja resquicios. No obstante no siento la amenaza constante de ciertos lugares en México. Quizá no soy capaz de ver lo negativo porque esta tierra fue por un tiempo el hogar de mis padres y todo me recuerda eso afectuosamente: el acento de los rolos (así les dicen a los capitalinos) y los paisas (los sureños), la comida, la música, el café, la visión del valle desde Monserrate en una mañana grata y sobretodo a solas, la sabana en torno a la ciudad, el portentoso museo del oro, la atestada plaza de Bolívar y la quinta del libertador donde me dejo atrapar por el sueño de la Gran Colombia que pensó Don Simón, un sueño como él mismo: impetuoso, bien intencionado pero breve y trágicamente enfermo.

Escuchado en la radio: “…los ángeles nos recuerdan cariñosamente a la infancia”. Una experta e “investigadora” sobre los ángeles y su presencia en el mundo (pero que además posee una tienda con más de 5000 versiones de esos seres alados) le explica a la conductora del programa radial que las ventajas de tener figuras de ángeles en casa son innumerables. Sus sesudas conclusiones van sustentadas por una amplia experiencia de primera mano en el asunto y una serie de testimonios de personas que “han sentido la presencia benéfica de los ángeles”. Realmente la reacción trabaja afanosamente y es prudente valernos de argumentos irrefutables para enfrentarla. No es casual la sugerencia a la infancia porque bien dice alguien por ahí cuando era niño pensaba como niño. Pero si ahora -ya grandes física y mentalmente- nos preguntaran ¿cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler? ni siquiera tendríamos que pensar para responder “tantos como podamos hallar y poner…en la punta de un alfiler”. Bien, solo tenemos que pedir a nuestra experta que nos provea de algunos ángeles (pero no de figuras), ponerlos en fila y equilibrarlos o pedirles -gentilmente de ser posible- que se equilibren sobre nuestro alfiler experimental. 

Esos matrimonios forzados de la razón y la creencia tienen origen medieval -escolástico- y están ideados para justificar la “realidad de lo no visto” que poco a poco ha derivado en la adopción de “valores espirituales” como los que propone en este caso la experta angelóloga. Cuando conviene quien defiende esos valores alude a la fe, pero si el argumento no prospera también es lícito caminar por el terreno incierto pero ampliamente mutable de la seudociencia.

 

“…The brightest flame burns quickest” (“Mamma said”, Metallica)

Iba a escribir sobre “El luchador”, la película de Aronofsky protagonizada por Mickey Rourke a pesar de tenerle mala fe al primero desde tiempos de “Requiém por un sueño“. Rourke parece buen tipo y me cae bien aunque la verdad no he visto sus películas previas. De Luchador se ha dicho mucho y a pesar de que en esta película literalmente Rourke escupe el bofe interpretando un Randy Ram quien-sabe-qué como soy de la época en que aparecieron películas como “El campeón” (Voight – Zefirelli), “Rocky” (Stallone – Avildsen) y por supuesto “Toro Salvaje” (De Niro – Scorsese) siento que debe haber algo más para que el asunto pegue. Si se va a hablar de la gesta del hombre común, del amor de un padre a su hijo, de un milagro, de vivir a mil por hora y dilapidar el éxito por el miedo a triunfar perfecto pero si no es así el spandex, la melena teñida de rubio, las vendas, botas y llaves junto con el tongo terminan irremediablemente en el melodrama y del tema ni quien se acuerde. A fin de cuentas es otro crowdpleaser. Pero se supone que no voy a hablar de esa película. Bueno, un poco. Prefiero tratar algo afín a un tema que toman los Illya Kuryaki & Valderramas en su canción “Abismo”: Quien nos guía hacia el abismo/sabe que quiero, sabe que busco el abismo…

Mucho antes de entender el significado de la palabra inexorable me inquietaba ver una película en la que el protagonista -por ejemplo, James Dean- mostrara absoluto desprecio por las normas, ferocidad e inadaptación además de ese efecto de rey Midas a la inversa que hacía imposible la redención. A veces surgían variantes y se trataba de un personaje de la vida real, uno exitoso que llegaba de la nada y proclamaba vine, ví y vencí apenas con el tiempo suficiente para disfrutar su gloria por un instante efímero antes de revelarse como ángel caído, a veces Icaro, a veces Caín.

El fútbol nos ha dotado de ejemplos notables de estos personajes. Dejando de lado a uno que incluso es cabeza involuntaria de una iglesia y que todavía puede dar mucho de que hablar podemos mencionar a Mané Garrincha, sujeto de quien dice esto Wikipedia:

“Garrincha nació Zambo, es decir, que tenía los pies girados 80 grados hacia adentro, su pierna derecha era 6 cm más larga que la otra, además tenía la columna vertebral torcida y sus problemas se agravaron por una severa poliomielitis. De pequeño lo operaron para curarle la anormalidad de las piernas, pero no quedó bien, y esas mismas piernas le sirvieron para confundir a sus rivales, amagando jugar para un lado e irse para el otro. Además de todo, cabe destacar que era adicto al tabaco desde los diez años.

A pesar de que los médicos no le diagnosticaron un buen futuro deportivo, aprendió a jugar al fútbol y esa se convirtió en su mayor virtud. El psicólogo del seleccionado brasileño, el profesor Joao de Carvalahaes, consideraba que Garrincha era “un débil mental no apto para desenvolverse en un juego colectivo”.

El propio Garrincha dijo alguna vez: “La diferencia con Pelé es que yo apenas supe driblar los problemas con los pies”. Virtuoso incomparable en las canchas no supo prosperar fuera de ellas: murió pobre y abandonado a los 49 años. Una serie de excesos, sobretodo el alcohol, lo llevaron a eso. Veamos lo único bueno que ha dado la extrema derecha al mundo:

George Best -el quinto Beatle- también tuvo lo suyo:

Y ni qué decir del Gazza, Paul Gascoigne:

    

Imaginen un europeo, polaco para precisar el dato, que decide acompañar a un amigo en un viaje trasatlántico hacia Argentina. En la víspera se dirije a la oficina consular para conseguir un visado. Llega tarde por unos minutos y la oficina ya está cerrada. La casualidad le asiste: la llegada en tropel de un equipo de fútbol que solicita el trámite le anima a probar suerte otra vez, esta vez con éxito. Así este individuo, cuyo nombre de pila es Witold consiguió viajar a Argentina. Si el incidente que acabo de contar resulta una afortunada pero intrascendente anécdota no aplica lo mismo para la fecha de arribo a Buenos Aires: 22 de agosto de 1939, ¡Unos días antes del inicio de hostilidades de la segunda guerra mundial, precisamente contra Polonia! Y en Argentina este involuntario exiliado polaco vivirá durante 23 años.

Witold Gombrowicz escribe sobre la inmadurez y la forma: Puesto que “la forma es algo en lo que nos refugiamos para esconder nuestra desnudez” con esa apariencia convencional de absoluto y perfección tratamos de ocupar el lugar de lo inmaduro que no queremos admitir, lo parcial… o como dice en Ferdydurke, la obra que con un grupo de amigos tradujo en Buenos Aires:

“…¿Quien de nosotros sabría admirar a los grandes genios si en la escuela no se le hubiese puesto bien en la cabeza que son grandes genios?”

“¡Por la repetición, por la repetición se crea la mitología!”

“…¿Decidme como pensáis? ¿acaso según vuestra opinión el lector no asimila sólo partes y sólo en partes? Lee, digamos una parte o un pedazo e interrumpe, para, dentro de algún tiempo, leer otro pedazo; y a menudo ocurre que empieza desde el medio o, aún desde el final, prosiguiendo desde atrás hacia el principio”

“Mas preguntemos todavía si aquella obra vuestra, única, excepcional y tan trabajada, no constituye solo una partícula de treinta mil obras, también únicas y excepcionales que aparecen en el transcurso del año ¡Malditas y terribles partes! ¡Para eso, pues, construimos el todo: para que una partícula de la parte del lector asimile una partícula de la parte de la obra y sólo en parte”

“…aquellos cánones y principios de la construcción que nos esclavizan tanto son también producto de una parte solamente (…) y de una parte por cierto insignificante”

“¿Acaso no veis, entonces, cuántos diversos y a menudo extraestéticos factores (…) se reúnen en la grandeza de nuestros maestros y en esta semioscura, turbia y fragmentaria convivencia nuestra con el arte que ingenuamente definís con esta frase: que el Poeta, inspirado, canta y el oyente, encantado, oye?”

“¡Oh, poder de la forma! Por ella perecen las naciones. Ella origina guerras. Ella origina que entre nosotros nazcan cosas que no son de nosotros. Sin ella no alcanzaréis a comprender la tontería ni el mal, ni el crimen. Ella rige nuestros más minúsculos reflejos. Ella está en la base de toda nuestra vida colectiva”

Con esas credenciales no extraña el exabrupto mutuo con Borges: él tilda de abstracta la obra del autor de Ficciones, (tal) “como corresponde a la condición de un ciego”. Y Borges afirma que Gombrowicz no es otra cosa que “un invento de Mastronardi”, “un histrión” que a pesar de portarse a veces conciliador “…Aprecio a este escritor, pero confieso que pertenecemos a mundos muy diferentes“  según cuenta la leyenda al momento de abandonar definitivamente Argentina gritó a los cuatro vientos una sentencia “¡Maten a Borges!” que “lamentablemente” no cumplieron sus acólitos.

Y hablando de Borges, en su “Historia del guerrero y la cautiva” (El Aleph, 1949) las identidades se intercambian, el bárbaro termina fascinado por la civilización y por ella da su vida mientras que la inglesa cautiva de los indios se vuelve una india más y repudia la civilización. Curioso que la vida del histrión polaco también haya sido una transfiguración, una contradictoria y parcial -no podía ser de otra manera- y no absoluta como ocurre con los personajes de Borges:

“Cómo habrá sido este asunto de partir… fue como si una gigantesca mano me hubiese tomado del cuello de la camisa para sacarme de Polonia y arrojarme en esta tierra perdida en el medio del océano –perdida pero europea… apenas un mes antes de la guerra. Me pregunto porqué  aquella mano no me puso en Europa occidental. Porque, supongo, hubiese terminado en París. Si no hubiera dejado Europa hubiese vivido en París después de la guerra, casi con seguridad. Pero la mano no pareció quererlo así porque, a la larga, París me hubiese convertido en un parisino. Y sentía el deber de ser anti-parisino. Es que, por esos tiempos, no estaba lo suficientemente inmunizado. Mi destino era pasar muchos más, largos años en los bordes de Europa, lejos de sus capitales, y lejos de sus aparatos literarios, escribiendo, como dicen hoy en Polonia, ‘para los cajones de escritorio’. Miren el mapa. Sería difícil elegir mejor lugar que Buenos Aires. La Argentina es un país europeo. Uno siente allí la presencia de Europa, aun más fuertemente que en la propia Europa, pero al mismo tiempo uno está fuera de Europa –y además, en aquel país ganadero, no se aprecia la literatura. 
Magia. Una casi preconcebida forma de vida. Cuanto más nos alejamos de la Forma, más nos sometemos a su poder. Misteriosas contradicciones, contrastes…” 

(traducción de Ernesto Resnik de W.Gombrowicz – “A kind of testament” – 1973)

Supongamos que hayas resuelto el enigma del universo, ¿cuál es tu 

destino? Supongamos que hayas arrancado a la verdad todos sus 

velos, ¿cuál es tu destino? Supongamos que hayas vivido feliz cien 

años, y vayas a vivir aún cien años más, ¿cuál es tu destino?

(Cuarteto XVII, Rubaiyyat – Omar Khayyam)

 

Edgar Fitzgerald escribe en la introducción de su versión inglesa de los Rubaiyyat que tres ilustres persas coincidieron en su juventud en la ciudad de Naishapur bajo la tutela del Imán Mowaffak, famoso por la creencia de que estudiar con él deparaba el honor y la felicidad. Sabemos esto por el wasiyat (testamento) de uno ellos: el visir Nizam ul mulk, puntal del imperio selyúcida. Sus famosos condiscípulos no son otros que Hakim Omar Khayyam y Hassan Sabbah. Este último pronunció -según nos dice Nizam ul mulk a través de Fitzgerald:

 “Es una creencia popular que los pupilos del imán Mowaffak alcanzarán la fortuna. Ahora, aún si no todos la alcanzamos, sin duda uno de nosotros lo hará; ¿cuál será entonces nuestro mutuo compromiso y obligación? “Nosotros respondimos –añade el visir- “Sea como te place” Y el dijo “Bien, hagamos una promesa, que aquel a quien premiase la fortuna, la compartirá por igual con el resto sin reservar preeminencia para el mismo”. “Así sea” replicamos, y en esos términos comprometimos nuestras palabras…”

Evidentemente el agraciado por la fortuna fue Nizam y mucho tiempo después -de acuerdo a lo convenido- sus antiguos condiscípulos le solicitaron que cumpliera su promesa. Eso sí de manera muy dispar: Hassan Sabbah pidió un puesto en el gobierno lo cual le fue concedido por intercesión del visir ante el propio sultán. Sin embargo la “ambición oriental” selló su desgracia pues al intentar suplantar a su benefactor y amigo mediante intrigas Hassan fue defenestrado y exiliado. Con el tiempo se convirtió en líder de la secta de los ismaelitas y mítico señor de Alamut, la inexpugnable fortaleza de los Asesinos. Desde Alamut -la “lección del águila”- Hassan sembraría el terror por todo el islam : entre sus víctimas figuraría el propio Nizam ul mulk.

Muy distinto proceder el de Omar. Dice Nizam:

Omar Khayyam también acudió con el visir, pero no para pedir título u oficio. “La mayor bendición que puedes conferirme, le dijo, es dejarme vivir en una esquina bajo la sombra de tu fortuna, para diseminar las ventajas de la Ciencia, y orar por tu larga vida y prosperidad” 

Así el poeta-astrónomo y matemático cuyo apellido significa “constructor de tiendas” (esa era su ocupación antes de ser favorecido por Nizam) vivió en Naishapur bajo la protección del visir, escribiendo cuartetos (rubaiyyat) que tratan de la vida, o como diría Byron Forbush (The Biblical World, 1905): 

“…(sin) visión (de) idealista, siempre sonriendo, vago, voluble; sino con la de aquel que no parpadea ni es ciego, que no se interesa por la tradición ni la autoridad; “demasiado sabio”, como ha dicho John Hay, “para ser absolutamente poetas, y aún así ciertamente muy poetas para ser implacablemente sabios.”

Forbush y Hay hablan en plural pues comparan a Omar con el Koheleth -la voz que nos relata el libro que conocemos como Eclesiastés. Juzguen ustedes si está justificada la comparación o si aplica mejor algún otro epíteto como librepensador, vividor, bohemio, genio, hombre de ciencia, sofista, cínico…,etc.

 

Cuando vaciles bajo el peso del dolor, y estén ya secas las fuentes de 

tu llanto, piensa en el césped que brilla tras la lluvia; cuando el 

resplandor del día te exaspere, y llegues a desear que una noche sin 

aurora se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño.

(VIII)


 

Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, procura ser feliz 

hoy. Coge un ánfora de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe, 

mientras te dices que quizás mañana te busque, en vano, el astro de 

la noche. (XI)

 

Bien sabes que no tienes ningún poder sobre el destino, ¿por qué la 

incertidumbre del mañana motiva tu ansiedad? Si eres prudente, 

goza el momento que pasa; lo futuro, ¿qué encerrará? (XIII)


Caeremos en la ruta del amor, y nos pisoteará el destino. ¡Oh, mi 

pequeñuela! ¡Oh, mi preciosa copa! Levántate, y dame tus labios, 

antes de que me convierta en polvo. (XIV)

 

Todo el mundo quisiera marchar por la senda del conocimiento. 

Unos la buscan afanosamente; otros dicen haberla encontrado ya. 

Mas un día una voz clamará: “No hay ruta ni sendero.” (XIX)

 

El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio. La vana ciencia de 

los hombres: palabras. Los pueblos, las bestias y las flores de los 

siete climas: sombras. El fruto de tu continua meditación: nada. (XX)

 

Gira la ruleta, indiferente al cálculo de los sabios. Renuncia al 

esfuerzo vano de contar las estrellas. Medita más bien en esta 

verdad: habrás de morir, no soñarás más, y los gusanos de la 

tumba, o los perros vagabundos se disputarán tus despojos. (XXII)

 

No trates de encontrar amigos en la mundana feria que atraviesas;

no busques más un asilo seguro. Soporta con entereza el dolor y no

suspires por un remedio que no has de hallar. Sonríe en el 

infortunio y no esperes de nadie una sonrisa: perderías el tiempo. (XL)

 

¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar! Si no estás enamorado, 

¿cómo puedes gozar con la deslumbrante luz del sol o la suave 

claridad de la luna? (LVII)




 

Alfredo Bryce Echenique

Alfredo Bryce Echenique

Es bastante conocida la sentencia “las excusas son como el culo…” pero para excusas dignas de museo me quedo con las de Bryce Echenique. Quizá alguna vez uno pueda excederse con las citas, intentar colgarse al estilo de otra persona, copiar por el gusto de copiar y celebrar el pecadillo sin comillas ni sic o dixit, pero hacerlo descaradamente en dieciséis ocasiones y a texto completo, incluído el título (obra maestra del copy-paste, técnica de tanto predicamento entre muchos estudiantes y aspirantes antaño buenos capitanes ahora meros ganapanes: gracias, Machado) es, por decirlo suave, inaudito. Y este hermano fatuo de Charly García sale al ruedo y presuroso responde en pésima faena pura utilería y salvas pero eso sí, muy torero. Transcribo la nota de Efe tomada de “La Prensa” (La Paz, 10 de enero del 2009):

 

“Según Indecopi, los textos copiados son Potencias sin poder y La nueva amenaza nuclear, del embajador peruano Oswaldo de Rivero, que fueron publicados en mayo de 2005 en la revista peruana Quehacer

Del diario La Vanguardia, de Barcelona, Bryce Echenique tomó los textos Uso social del tabaco, de Eulalia Solé; Londres busca detectives, de Carlos Sentís; Cómo combatir el terrorismo, de Joseph María Puigjaner, y Ségolene, de corazón, de Francesc-Marc Alvaro. 

De la revista Anuies, de México, el escritor se apropió de William Blake y los proverbios del infierno, de Jorge de la Paz. 

Del Periódico de Extremadura, el autor de Un mundo para Julius tomó el artículo La leyenda de John Lennon genera cerca de 19 millones de euros al año, de Nacho Para. 

El Indecopi expresa que la revista Jano, de España, fue la que más plagios sufrió por parte de Bryce Echenique, quien tomó de esa publicación los textos La estupidez perjudica seriamente la salud, de Jordi Cebri Andreu, y Estrellas médicas, de Sergi Pámies. 

De esa misma publicación, Echenique plagió La angustia de Kafka y John Steinbeck, un novelista de los oprimidos, del autor Juan Carlos Ponce; John Ford, la épica del Western, de Blas Gil Extremera, El psicoanálisis de Woody Allen, de Benjamín Herreros, Cultura y civilizaciones, de Cristóbal Pera, y La enfermedad de la nostalgia, de Luis M. Iruela.”

Bryce manda a su abogado que declara: “si ellos han sido publicados, niega haber autorizado su publicación” (Efe). Y no contento con ese desborde de genialidad, retórica y argumento el autor del Rimac añade: 

“Mis allegados conocen mis técnicas de escritura. La realidad debe plagiarse y las letras son una forma de plagio de la realidad. Yo no incumplí ninguna falta contra la literatura, tal vez sí con la realidad.”

(…) “La literatura o los escritos literarios no pueden ser plagios, porque son universales”.

¡Caso de corte compañero!

El autor sugiere que ese celo excesivo de una institución pública (peruana) por inculparlo es sospechoso. Apunta directamente al entorno del ex presidente Alberto Fujimori y supone un ajuste de cuentas por oponerse a ese siniestro político. Tendría que añadir que “está dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias para proteger la verdad y para lavar su honra…”. En fin, uno ya sabe aquello del “miente…que algo queda”.

Tenía que ser un gran cínico (Francois de la Rochefoucauld; “Máximas”) quien nos explique:

El amor propio es más listo que el hombre más listo del mundo”

“Es prerrogativa de los grandes hombres solo tener grandes defectos”

Y probablemente esta frase sería del agrado de Echenique:

“Las únicas buenas copias son aquellas que exhiben los defectos de los originales”


 

Ahora que hemos decidido aceptar que la recesión del vecino del norte es cosa seria y que vale la pena parar las orejas, “tomar medidas”, “fortalecer el peso” y todo eso que dicen ahora los señores políticos es momento de ver el asunto en una dimensión que no imaginábamos. Los bancos y hace poco la industria automotriz solicitaron auxilios financieros multimillonarios para proteger las inversiones, salvar a industrias legendarias -como General Motors- y proteger miles de empleos. Surgió la genial observación de que el paladín del libre mercado (el tío Sam) se comportaba otra vez (en eso Bush ha dado cátedra) como país bananero proteccionista. Como sea, el asalariado que mantiene una familia no se ha de tocar el corazón sobre la licitud de entregar o no el dinero a ejecutivos irresponsables cuando las papas queman. Incluso podríamos decir que la administración Bush se apuntó un éxito al decidir intervenir porque cuidar las fuentes de trabajo de miles de personas (en la industria automotriz) y los activos de la banca parecen medidas estratégicas con efectos locales y globales. Tanto que tímidamente se ha seguido su ejemplo en otras partes del mundo. A todos nos mueven las gestas: el argumento a la culpa o la solidaridad ha sido tradicionalmente exitoso (pero insufrible) por ejemplo cuando piden dinero para el Teletón. Decidir quien es bueno y malo es el deporte favorito de las mayorías y eso no toma mucho tiempo. Se sataniza demasiado y a la luz de exitosas campañas mediáticas también se idealiza sin medida ni clemencia. Con el asunto del zapatazo todos -me incluyo por supuesto- utilizamos más la tripa, esa consejera tan señera, y para nada nos pusimos a pensar en el imperio de la ley y en la ética que como reportero tendría que observar Muntazer al-Zaidi. Después de todo el afectado no goza de mucha predilección en el mundo. Pero ¿y si le hubieran lanzado un proyectil a Lula, Fidel, el papa, Bachelet o Calderón? Activados ciertos gatillos emocionales y subjetivos que nos hacen admirar o detestar las cosas cambian radicalmente. 

Ayer circuló una noticia que bien podría haber sido titular de ocho columnas el 28 de diciembre. Después de una rápida consulta mental (fecha, fuente, estilo) puedo concluir que la nota no es de guasa: pero si somos correctos es mejor dudar hasta que alguien con evidencia irrefutable nos saque autoritariamente del error, no sea como aquella otra información sobre el estado mental de Vicente Fox (que habría impedido sus nupcias religiosas con Martita). Resulta que siguiendo el ejemplo de otros respetados miembros de la grey el señor Larry Flint -número uno de Hustler- tocó las puertas de la administración para pedir otro rescate millonario de 5000 millones de dólares para blindar a la industria del porno ante cualquier eventualidad. Y si los responsables de asignar el dinero se atienen al argumento económico y social (generación de divisas y empleos involucrados) hay razones de sobra para apoyar la “inyección”: el cine XXX genera más recursos anualmente que todo Hollywood (60000 milllones de dólares en 2006). Y por supuesto ni siquiera tengo que hablar de esas almitas descarriadas que podrían perder su modus vivendi: ¡Es demasiado know how desperdiciado! Claro que como buenos conservadores no es posible apoyar a Sodoma y Gomorra, así que el dilema se pone serio. En todo caso no creo que el argumento de Flint y sus huestes pese pero lo reproduzco porque es una gloriosa expresión del american way of life:

Tanto Francis como Flynt reconocieron enseguida que su sector no se encuentra en peligro financieramente, sino que se trata más bien de “la necesidad de una nación“. Flynt explicó que las personas están demasiado deprimidas para estar sexualmente activas. “Es tiempo de que el Congreso refresque el apetito sexual de Estados Unidos. El único camino hacia ello es apoyar la industria pornográfica, y rápidamente”.