José Luis Tejada Sorzano (1882- 1938 ) fue el trigésimo noveno presidente de Bolivia entre 1934 y 1936. Inició su mandato luego de la renuncia forzosa de Daniel Salamanca por efecto del así llamado “Corralito de Villamontes” un incidente ocurrido -o fraguado- durante la guerra del Chaco con Paraguay (1932-1935). El 27 de noviembre de 1934 los militares apresaron a Salamanca en esa población obligándolo a dimitir. Tejada Sorzano asumió constitucionalmente pues era vicepresidente. El interés de los militares se alejaba de las élites políticas por el desastroso manejo del conflicto (demagogia patriotera, improvisación, asignación del comando a un alemán -Hans Kundt- y deseo de operar en el frente con una guerra lo más “económica” posible: es decir movilizando contingentes reducidos de soldados lo que llevó a que en ocasiones la relación con las tropas guaraníes fuese de 3 a 1). La guerra fue declarada “Sin vencidos ni vencedores” luego de arbitraje internacional. Eso sí, tuvo muchos muertos (¿cien mil?) y la suposición que dió origen al conflicto, que el Chaco Boreal, una extensa zona entre Brasil, Bolivia, Argentina y Paraguay tenía recursos petroleros resultó ser falsa. Conflicto plagado de dolorosos recuerdos, anécdotas inverosímiles como aquella de que el ejército boliviano introdujo los carros de combate por primera vez al subcontinente pero que los perdió con los paraguayos y que uno de ellos fue vendido a los republicanos españoles para servir en la guerra civil o aquella otra historia del primer combate aéreo en América (Benítez Vera versus Pabón, 4 de diciembre de 1932) que nuestros milicos entienden como una gesta ”gloriosa y trascendental” (hay que ser militar para tener ese pensamiento tan obtuso): Cuentan los cronistas que Pabón, nuestro “as”, se sintió intensamente conmovido por haber derribado a los aviadores militares paraguayos y que dió constancia de esto en el sepelio al decir:
“Caballeros del aire, víctimas de vuestro propio heroísmo, valientes de vuestro pueblo: habéis caído en combate noble y valeroso, el destino me hizo vuestro vencedor,…pero ante la muerte no hay vencedores ni vencidos. Vuestros restos descansarán en tierra boliviana, aureolados del respeto y la admiración de vuestros connacionales”
La contienda por el Chaco (nuestro “infierno verde”) fue estéril. Enfrentó a las dos naciones más pobres de la región, que históricamente no tenían conflictos ni resentimientos entre sí (dice Carlos Mesa, expresidente e historiador -lo preferimos en ese papel-: “…una guerra entre dos países que no se conocían, que no se conocieron entonces y que siguen pendientes de conocerse“) y se podría decir que los eternos beneficiados fueron los oligarcas de ambos bandos. En Bolivia el mito épico del guerrero defensor de la civilización y sus riquezas nos trajo a las huestes de Toro, Busch y la herencia del nacionalismo revolucionario con sus ideólogos que terminaron vaciándonos el coco al hacernos creer en una gesta contra los intereses de las transnacionales cuando la realidad era parecida al empeño militarista argentino durante la guerra de las Malvinas.
Paz a los caídos, y entre ellos a uno de mis bisabuelos…

Excombatientes de la Guerra del Chaco
Escribo esto a propósito del vídeo “yutubero” de Rick Tejada Flores, gringo “progre” y nieto de Tejada Sorzano. Rick acepta con hidalgía algunas de las fechorías de su familia (esclavistas, terratenientes, encubridores del nazi Klaus Barbie) y viaja a la subtropical Chulumani, el feudo de los Tejada, para emprender el proceso de entender o recuperar sus raíces.