Archivos mensuales: Junio 2009

Elecciones. Dicen que a los políticos y a los pañales hay que cambiarlos seguido…y por las mismas razones. Y que la única vez que los políticos dicen la verdad es cuando afirman que sus contrincantes están equivocados. Pero como dice Thomas Sowell, no hay nada tan malo así como para que los políticos no puedan empeorarlo. Nuestra aversión contra la “clase política” obliga a que los “creativos” de publicidad inventen que los responsables de la enorme separación entre la sociedad y la política son los partidos tradicionales y sus actores de toda la vida. Identificados los culpables se tiene la base para promover un producto (que eso son los partidos políticos y sus representantes) valiéndose del facelift, la liposucción, el crossover. Es decir con arreglos cosméticos se pretende dar pan con lo mismo.

En el siglo pasado surgieron caudillos por toda latinoamérica. En torno a ellos se congregaban instituciones como el peronismo argentino, el APRA peruano, el PRI mexicano, el MNR boliviano -entre otros- y la solvencia popular, el carisma del “líder”, debía ser suficiente para que las masas votaran uniformemente por la sigla en cuestión. Recuerdo que nuestro Paz Estenssoro (MNR) solo tenía que aparecer en pantalla sin decir ni mu y esa era la manera estándar de promocionar a su partido: alentando la fe ciega en el gran hombre.

El partido no existía sin el caudillo. En los ochentas y noventas otras siglas (ADN, MIR, CONDEPA, UCS) replicaron el modelo. Cuando Evo aparece él y su “movimiento” no hacen otra cosa que canalizar el descontento, que en la vertiente nacional sí se tornó violento (guerra del agua, guerra del gas) semejando lo ocurrido en otros lugares (Argentina y Ecuador por ejemplo). Ese descontento, surgido de agravios similares -y algunas veces peores- tiene que ver con iniciativas como la que ahora cobra fuerza en México. Me refiero a la promoción del voto nulo.  A propósito es interesante lo que comenta Rodrigo Salazar:

“El voto nulo es un ejercicio moral válido que no le hace daño a nadie. Constitucional y legalmente es una opción. Lo que sí creo es que, como mensaje, no va a servir de mucho. Es decir, si un partido no gana ni pierde nada, no va a reaccionar, incluso aunque fuese un alto porcentaje de nulidad como en el caso sin precedente de Argentina, donde fue del 20 por ciento. Y sin embargo no pasó nada, la clase política sigue siendo la misma.

El voto nulo es importante expresivamente; es ser consecuente con nosotros mismos, pero no tiene ninguna otra repercusión.”

Es revelador que todos los frentes políticos y que la máxima expresión del conservadurismo -la iglesia católica- rechacen unánimemente la anulación del voto (Iglesia católica contra el voto nulo). ¿Será por miedo al fin de los privilegios? No quiero pecar de inocente. No me refiero a la posibilidad de “cambio”. Aludo mas bien al fin del monopolio político, a las candidaturas ciudadanas.

Como ha pasado con internet (web 2.0) vemos la transición de la política 1.0 (caudillismo, partidos tradicionales, sacralización de la figura “presidencial” y otras instituciones -que como el papado católico presumen de infalibles) a una política 2.0 que curiosamente comparte el interés “social, real y participativo” de su contraparte digital. Los verdes ecologistas mexicanos por ejemplo al carecer de figuras destacables o por lo menos mínimamente presentables (su presidente nacional es un tránsfuga, ex boxeador de marras, socialité y chico big brother) utilizan a dos “actores” de telenovelas (aquí queda mejor el término español: culebrones) para dar a conocer sus propuestas:

Otra agrupación llamada Convergencia no se queda atrás (con una señora Andere que no tenía el disgusto de conocer):

Y el PRD, entendiendo que ahora no existes si no superas la centena de contactos en Facebook, recluta a tres candidatas taquilleras: la velocista Ana Gabriela Guevara y las escritoras light Guadalupe Loaeza y Laura Esquivel.

Suficiente. No me quiero enfangar más con lo que hacen otros partidos como el PAN o el PRI (que también tienen una enorme cola que pisar). Una lectura cuidadosa de la cita de Salazar sobre el voto nulo aplica a toda esta triste realidad de la política mexicana (y por extensión a la política latinoamericana) y en particular a las campañas políticas : todo esto se ve bonito, es válido, no hace daño. Constituye una opción. (Pero) no va a servir de mucho. ¡Viva la política 2.0!

Confieso que he sido tímido. Pero mis escarceos con la timidez -o si se quiere con su grado extremo, con la fobia social- no han dejado secuelas. En todo caso no algunas de las cuales quisiera deshacerme. O dicho de una manera más drástica, “curarme” como sugiere la prensa siempre a la pesca de ese tipo de noticias (“Un spray nasal contra la timidez“).

Mis ataques agudos de timidez, como los de cualquier otra persona no tan pagada de sí, pueden describirse mejor si revisamos algunos sinónimos como retraimiento (sí, pero selectivo), cobardía (quizá, ¿quién no lo ha sido alguna vez?), apocamiento (en ocasiones), falta de arresto (no sistemático), azoramiento (episódico), ñoñería (definitivamente no), poquedad (para nada), pusilanimidad (tampoco, por suerte) y turbación (extraña, pero intensamente emocional).

Si son tímidos hagan algo así y verán que revelador es…

Dan McGuire comenta (Science news, 1975)

“(que) sería interesante ver estadísticas de cuantas personas tímidas inician guerras, cometen crímenes y violencia y agreden a otros imponiéndoles sus opiniones.”

“Sospecho –añade McGuire- que muchos, si no la mayoría de las personas tímidas lo son sólo en presencia de personas agresivas y se comportan más relajados y seguros de sí mismos con gente de una naturaleza similar. La gente tímida es manipulada para pensar que ellos deben cambiar porque ellos no son como la gente agresiva o extrovertida, y (los tímidos) temen defender sus creencias frente a los más agresivos. ¡Nada más piensen que pacífico sería el mundo si los que tuviesen que cambiar fuesen los individuos agresivos!

¿Cuánto poder cerebral, creatividad, cuántas buenas cosas se han perdido a lo largo de los siglos porque la gente carece de la sensibilidad para escuchar a, o de preguntar las opiniones de la gente tímida?”

Un pensamiento similar me obliga a suponer que los tímidos pueden devenir en autoritarios, pervertidos y criminales llanos. Leo -con horror de quien puede dar un buen puñado de ejemplos de ese tipo de especímenes- a Cioran que dice:

“Cuanto menos te interesan los hombres, más tímido te vuelves delante de ellos, y cuando llegas a despreciarlos, te pones a balbucear…” (“El Ocaso del pensamiento“)

“Más que una reacción de defensa, la timidez es una técnica, perfeccionada sin cesar por la megalomanía de los incomprendidos” (“Silogismos de la amargura“)

Por eso cosas casuales -que los tímidos saludan con devoción- hacen que agarren confianza. Mucha confianza. Incluso confianza que involucra madres e hijas. Y que digan cosas como “Hola oscuridad, mi vieja amiga. He venido a hablar contigo otra vez…”

Como dirían los españoles: ¡Tío, la timidez mola!

Pero también la timidez extrema puede hacer que el siguiente texto sobre agresividad, que aplica para perros (enlace) también sea conveniente a (ciertos) congéneres:

“El animal se comporta como si estuviese en estado salvaje y atacará al verse acorralado huyendo tras la agresión. El principal motivador de este tipo de agresividad es el miedo y se deriva de un mal periodo de socialización.”

Al respecto, hay quien opina que los hijos de padres autoritarios que imponen reglas estrictas sin mucho espacio para la negociación y el consenso generan “niños ordenados y eficientes, pero también muy tímidos y dependientes” (Burgess, 2001). Lo cual me recuerda otra película: “Das Experiment” (El experimento, 2001) en la cual dos grupos de voluntarios simulan ser presos y guardias, pero sobretodo se trata de la confrontación directa del rebelde y creativo Tarek Fahd (Moritz Bleibtreu) y de Berus, el “jefe” de los guardias (Justus Von Dohnànyi) empleado de una línea aérea muy “ordenado y eficiente” -seguramente un pusilánime en las situaciones más triviales de la vida diaria- pero insospechadamente agresivo en la situación anómala que plantea la película.

Del fandango, a la zamacueca, a la cueca y la marinera

Del fandango, a la zamacueca, a la cueca y la marinera

En Perú le dicen marinera. En Chile usan el mismo término que nosotros: cueca. En todos los casos se trata de un ritmo bailable. Nadie puede afirmar que alguna sea mejor o peor. Todas tienen origen español tal como sugiere el cuadro de Pérgamo y cols. que emparenta nuestros bailes nacionales (argentinos, bolivianos, chilenos y peruanos -en estricto orden alfabético) con el fandango, lo cual es difícil de imaginar sobretodo si escuchamos una obra maestra del barroco, como el “Fandango del padre Antonio Soler”, que personalmente me recuerda más a la marinera que a sus otros primos latinoamericanos

Precisamente la zamacueca peruana fue introducida a Chile en la segunda década del siglo XIX. Y tuvo tanta aceptación que en el propio Perú -según dice Abelardo Gamarra (link)- comenzaron a conocer ese ritmo como “chilena”. Y como en el 79 tuvimos una guerra que nos enfrentó (la del pacífico) surgió la necesidad de cambiarle el nombre al baile aprovechando la saga del buque “monitor Huáscar” y su valerosa tripulación (otra vez Gamarra, 1899):

“…fuimos nosotros los que una vez declarada la guerra entre el Perú y Chile creímos impropio mantener en boca del pueblo y en sus momentos de expansión semejante título; y sin acuerdo de ningún consejo de Ministros, y después de meditar en el presente título, resolvimos sustituir el nombre de chilena por el de marinera; tanto por que en aquel entonces la marina peruana llamaba la atención del mundo entero, y el pueblo se hallaba vivamente preocupado por las heroicidades del Huáscar, cuanto por que el balance, movimiento de popa, etc. etc., de una nave gallarda, dice mucho con el contoneo y lisura de quien sabe bailar, como se debe, el baile nacional. Marinera le pusimos, y marinera se quedó…”

Pero no pretendo seguir hablando de la marinera ni de la cueca chilena: por obvias razones puedo y debo hablar de la cueca boliviana, que aunque se baila yo diría que más se siente y se vive. No me atrevo a decir que sea nuestro ritmo nacional pero sí que es único. Tanto que una especie de segundo himno boliviano es precisamente una cueca, que le canta a nuestra idiosincrasia y es el son de nuestras tristezas y alegrías, como debe ser toda buena cueca. Me refiero a “Viva mi patria Bolivia” que les presento a continuación en la versión más conocida cantada por Pepe Murillo y Luis Rico (entre otros) y con el charango insuperable del maestro Ernesto Cavour

Y también con banda -o mejor dicho, con todas las bandas orureñas

O en esta extraña pero valiosa versión folk de Joan Baez y Mimi Farina

Y aunque habría miles de ejemplos (nada más para comenzar dejo arrinconadas “Tanto te amé“, “El regreso“ / “El regreso (otra versión) e “Infierno Verde“) creo que con lo que sigue quedará claro lo que no consigo decir y sí logran con creces las voces de Jenny Cárdenas ["No le digas"] y el charango del maestro William Ernesto Centellas ["Soledad"]

“Soledad, soledad…
esta noche estoy muy triste
se me ha ocultado la luna
y no cabe duda alguna
que
se fue porque te fuiste. (Bis)
Soledad, soledad…
en la soledad de mi alma
lloraré mi desventura
si el orgullo me da calma
que se acabe mi amargura.

Si solo estoy aquí

sin tu querer mi bien

-si algún día tú volvieras

a devolverme la calma (bis)”

Torpemente llamada "A bullet for the general" en los EEUU

Torpemente llamada "A bullet for the general" en los EEUU

Un tema recurrente de los spaghetti westerns es la revolución mexicana. En 1966 Damiano Damiani dirigió a Gian Maria Volonte, Lou Castel y Klaus Kinski (entre otros) en una película llamada “¿Quien sabe?”. El tema principal (“Ya me voy“, cantado por Ramón Mereles) que además acompaña el inicio de la película pueden escucharlo a partir del minuto y 27 segundos (1:27) en el vídeo a continuación

Otro gran hit es “Grand duel (parte prima)” que muchos piensan fue compuesto para Kill Bill vol. 1 pero como su nombre sugiere también proviene del spaghetti western (1972). Es imposible no trasladarse a un rincón polvoriento del imaginario oeste gringo (ambientado en Almería, España) y ver llegar al héroe -Lee van Cleef- vestido de negro y dispuesto a enfrentar a los villanos porque el sheriff Clayton “vió quien mató al viejo Saxon”:

ENLACE para Grand Duel

Y esta otra joya que es una SORPRESA

En 1994 Mario Ruoppolo nos decía, gracias a Antonio Skármeta y Michael Radford, que era hombre, comunista y poeta

Mar y tango

Mar y tango

Y aunque en el OST también estaba Madreselva con Gardel cantando pian pianito el tema principal arrasaba:

Luis Enríquez Bacalov dice que le pidieron el tema de “¿Quién sabe?” porque era argentino y seguro sabía “historias de mexicanos”. Y seguro algo sabía pues su “Ya me voy” no desmerece. Ni qué decir de sus piezas para westerns (de las que Grand duel y Django solo son pequeñas muestras). Pero zapatero a tus zapatos, porque en Grand duel parece que fuera a arrancar una zamba que se va quedando y el rumbo se retoma con autoridad en Il Postino ¡A punta de piano y bandoneón!

Philip Roth según Frances Belleville

Philip Roth según France Belleville

"Nuestra pandilla" (Mondadori 2008)

"Nuestra pandilla" (Mondadori 2008)

El 7 de Noviembre del 71 Dwight McDonald (NY Times) escribió:

Nuestra pandilla” es una sátira política que he hallado rebuscada, injusta, de mal gusto, perturbadora, lógica, tosca y muy graciosa – Me reí ruidosamente 16 veces y dentro de mí una cantidad estadisticamente inverificable. Dicho brevemente, (es) una obra maestra. Las hipótesis más fantásticas -fantasías que, por desgracia, leemos diariamente en los periódicos y vemos en la TV nocturna- son desarrolladas con la lunática lógica de la “Modesta propuesta para prevenir que los niños de la gente pobre de Irlanda sean una carga para sus padres y el país”  de Swift (es decir, engordándolos para consumo como tocino del desayuno inglés). ¿Qué tan injusto se puede ser? “Nuestra pandilla” es un sólido segundo lugar. Como un inveterado americano, estoy encantado con la manera como las más extremas divagaciones satíricas de Roth -como aquellas de Mark Twain, Ring Lardner y Nathaniel West–tomadas de una base sólida de conocimiento volkische (popular);  nuestra jerga; y el carácter nacional que expresa, parecen alarmarlo tanto como lo han hecho con ellos y conmigo”

Inspirada en la escandalosa administración Nixon esta sátira política no deja títere con cabeza. El relato superlativo parte de un dislate verbal del trigésimo séptimo presidente de los vecinos del norte, pero podría ser parte de un manual de procedimientos para una caterva de políticos (Bush hijo, Berlusconi, Fox, etc.):

“POR CREENCIAS PERSONALES Y RELIGIOSAS CONSIDERO QUE LOS ABORTOS SON FORMAS INACEPTABLES DE CONTROL POBLACIONAL. AÚN MÁS, LAS POLÍTICAS IRRESTRICTAS DE ABORTO, O EL ABORTO A DEMANDA NO COINCIDEN CON MI CREENCIA PERSONAL EN LA SANTIDAD DE LA VIDA HUMANA – INCLUYENDO LA VIDA DE LOS NONATOS. PORQUE, SEGURAMENTE, LOS NONATOS TAMBIÉN TIENEN DERECHOS, RECONOCIDOS EN LA LEY, RECONOCIDOS AÚN EN PRINCIPIOS EXPUESTOS POR LAS NACIONES UNIDAS”

Con esta declaración “filosófica” -como dice McDonald- el protagonista Trick E. Dixon (Tricky para los amigos), se granjea el odio combativo de un violento grupo de radicales: los boy scouts, que fieles a su puritanismo, consideran la frase de Tricky un apoyo implícito al “intercurso sexual”. Y el líder enfrenta esta crisis provocada por la ignorancia de la única manera que conocen las personas de su clase: unos cuantos muertos locales (los gandules de la flor de Liz), difamación y chivos expiatorios. Además el Tricky literario emplea una estrategia que también capitalizó en nuestra época George Walker Bush: la invasión preventiva. En este caso contra la república pro-pornografía de Dinamarca (profiriendo un genial “algo huele mal en el estado de Dinamarca” como arenga).

Como el Nixon de la vida real Tricky solo fue presidente de un mandato. Si la historia condenó al primero a una especie de muerte política Roth no se toca el corazón y hace que alguien asesine a Tricky. Esto me resultó inesperado luego de una primera parte un poco excesiva y esquemática. No imaginaba las torcidas intenciones de Roth y eso puso de campanillas el remate de la novela o como diría McDonald citando a Jules Feiffer:

“…(eso) extendió lógicamente la premisa a su conclusión totalmente demente provocando de parte de la audiencia cierta apreciación inesperada

Luego de unas exequias relatadas con maestría Roth hace llegar a Tricky al mismísimo infierno, donde -no podía ser de otra manera- compite con Satanás por la presidencia del averno y en un giro de tuerca que contrasta con el debate de la vida real entre Nixon y Kennedy (1960) el experimentado Satanás es puesto contra las cuerdas por la “sangre nueva” de Tricky que muy en lo suyo saca de contexto “declaraciones” del innombrable contenidas en un irrefutable libro de pruebas. Dice:

“Este documento que estoy sosteniendo en mi garra es la Sagrada Escritura. No miente. Es ni más ni menos la Biblia de nuestros enemigos”.

Específicamente Tricky asesta una seguidilla de golpes bajos empleando el Libro de Job y haciendo ver al villano por excelencia como todo un perrito faldero de Dios. Irónicamente también dice la verdad y eso es de lo mejor de este libro porque esa parte me congeló la sangre pensando en que los políticos siguieran ese ejemplo y dijeran algo como:

“Y pueden responder, “Eso está muy bien, Señor Presidente, ¿Pero con qué preparación cuenta para presentarse al puesto de Diablo responsable?”

(…)

Para citar una nota personal, ustedes saben que yo nací oportunista, allá en California, y durante mis años en la vida pública tuve el privilegio de hacer una serie de tejemanejes con con otros oportunistas. Y pienso que hablo por todos los oportunistas cuando digo que Satanás ha sido una constante fuente de inspiración para nosotros desde tiempos inmemoriales, en las buenas y en las malas. Y quiero que él comprenda a todo lo largo de esta campaña, que respeto no solo la tenacidad con la cual él miente, sino que también su sinceridad al mentir.

(…)

Pero quiero dejar algo perfectamente claro. Por mucho que respete y admire sus mentiras, no creo que las mentiras sean algo en lo cual mantenerse. Mas bien son algo para construir (…) (nadie) puede confiar en las mentiras que ha dicho en el pasado (…) para distorsionar las realidades de hoy (…). Mi propia experiencia ha demostrado que las mentiras del ayer no van a confundir los problemas de hoy en día (…). Y ese el porqué, con todo el respeto para la experiencia de mi oponente, digo que necesitamos una nueva administración en el Infierno, una administración con nuevos cuernos, nuevas verdades a medias, nuevos horrores y nuevas hipocresías…”

Es decir la verdad y nada más que la verdad…

Fábula: El ceñudo Carl Fredicksen, antiguo vendedor de globos y entusiasta de la aventura, acaba de quedarse viudo a los 78 años. No ha podido satisfacer el deseo de visitar una sudamérica soñada junto con Ellie, su difunta esposa. Su casita multicolor comienza a resultarle insoportablemente grande. Además el tranquilo barrio de los suburbios donde vive está siendo sustituido por rascacielos. Un día pierde los papeles con un obrero que accidentalmente le rompe el buzón -un objeto plagado de recuerdos- y no tardan en declararlo peligroso para la sociedad: tanto que un juez resuelve mandarlo a un asilo. El día que van a buscarlo un resignado Fredicksen pide que le permitan entrar para ver por última vez su casa. Los enfermeros aceptan pensando en el enésimo adulto mayor melancólico. Poco después los sorprende un estruendo: La casa se eleva ante sus ojos propulsada por miles de

globos

Y la casa vuela y vuela y el triunfante Carl está cómodamente sentado en su comodísima poltrona mientras suena un alegre dadadadá dadadadá tururu

que súbitamente es interrumpido por un anticlimático golpeteo a la puerta . ¿Quien toca al número 18? Vean a continuación

Claro, el que toca es Russell, su compañero de viaje.

Al principio de la película una pletórica y chimuela Ellie le muestra al jovencísimo Carl su libro de aventuras que tiene reservada toda una sección en blanco para las “cosas a hacer” una vez alcanzado el destino soñado de la aventura, que es donde finalmente arriba el jubilado Carl. Pero su premio no está en una circunstancial cascada Paraíso. El premio para los protagonistas (Carl, Russell, Kevin y Dug) y para nosotros es encontrarse, es la vida y vale -no me cabe la menor duda- una corcholata de refresco de uva.

Los protagonistas

Los protagonistas

La insignia de Ellie

La insignia de Ellie

En una jornada inusualmente activa Xavier Velasco escribe una columna “Un poco de idiología” (Milenio 6/06/2009) que va como anillo al dedo ante mi duda de porque somos como somos. Velasco escribe:

“Hay cuando menos dos clases de idiota: el que es y el que está. En términos prosaicos (gracias Xavier), quien así ha sido siempre y quien así se pone”

Y antes de seguir con eso debo mencionar un tipo especialmente virulento de idiotez que lista el señor Velasco: la idiotez ideológica.

Si uno abre el periódico estos días o ve la televisión o escucha en la radio una noticia que habla de un país lejano, aislado, con una economía perpetuamente en crisis, gobernado por un fanático que con los ojos inyectados de odio llama a las masas a apoyar sus designios y luego otros representantes “populares” mucho más fanáticos hacen eco de ese llamado y prestos y ansiosos de sangre claman por expulsar del territorio a personas de un país limítrofe en represalia a la presencia incómoda de un gobernante ajeno a la “ideología” del líder local. Y si como excusa se plantea que el vecino se opone a entregar a unos asilados políticos juzgados de antemano en su país de origen “por el mandato popular” -y el dedo flamígero del líder, que además insiste en atacar no solo a su rival sino que se excede en los comentarios adversos sobre asuntos que solo competen al vecino uno puede pensar que se trata de esas zonas en el mundo donde abunda el fanatismo religioso y que esa noticia trata de mullahs, fatwas, yihads, muyahidines y especies similares. Pero no…

El entrometido en cuestión es Evo Morales. Los agraviados son Perú y Alan García. En ese orden. García no es de mi agrado pero debo reconocer que se ha portado como se espera de un mandatario, sin golpes bajos ni cotilleo. Y puesto que primero se pretende ofender no a la persona del presidente sino al ciudadano Alan García, cuyas ideas son precisamente opuestas a las ciudadano Evo Morales, el presidente García decide -en buena hora- no responder las chicanerías del extraviado presidente que tenemos. Y ni siquiera Evo es original en su pleito de barrio con Perú, porque esto recuerda sospechosamente el conflicto Chávez contra Uribe aunque es preciso reconocer que el troglodita venezolano es de otra categoría en cuanto a dislates. Doblemente sospechoso es que Chávez comenzara las agresiones anticolombianas precisamente en vísperas de elecciones tal como ha hecho su acólito cocalero (en diciembre votamos pase lo que pase).

Hoy escuché radio Panamericana de La Paz y un miembro de la bancada oficialista hablaba de consecuencia ideológica como el argumento que justificaba los desvaríos de Evo y el llamado a las armas para expulsar a los peruanos en El Alto. ¡Ahora sí que ya somos como Irán! (¿y Evo es nuestro ayatollah?)

Vale la pena corregir, siguiendo el texto de Velasco, que lo de Evo y su gente es consecuencia con (una) idiotez ideológica. Ni más ni menos. Y respecto a la taxonomía de esa “consecuencia” mejor que cada quien responda a la pregunta: ¿Es de SER, o es de ESTAR?

Para entender la magnitud de la depreciación de los activos de GM y su contexto es muy relevador el texto que apareció el 13 de mayo pasado en “The Daily Reckoning” (enlace). En esencia el reporte señala que ante evidentes signos de recuperación financiera (el Dow Jones subió 50 puntos, el petróleo alcanzó 60 dólares el barril, …¡hasta el dólar subió su cotización respecto al euro!) como pesados animales migratorios dirigiéndose a zonas menos afectadas por la sequía dos connotadas bestias iban a contracorriente: una de esas bestias económicas era -evidentemente- GM, cuyas acciones se vendían (en esa época de mayo) en 1.15 dólares la unidad o un costo total de 700 millones de dólares (para dar una idea, en 1996 una empresa italiana que ahora forma parte de Telecom, adquirió el 50% del paquete accionario de la telefónica nacional de Bolivia, nuestra querida ENTEL, en 610 millones de dólares menos depreciados que los 700 millones que hora vale la GM. Y eso que hablamos de la mitad del valor de ENTEL). Lo peor es que la otra bestia que va en sentido contrario y desbocándose mucho más rápidamente que la propia GM es Estados Unidos que -según el Reckoning- gasta dos dólares por cada dólar que ingresa a sus arcas. Otro animal mastodóntico unido a esta troupe suicida es la mastodóntica California, que según leo va a quedarse sin dinerito para julio a pesar de los mejores esfuerzos del gobernator. Bill Bonner, el autor del artículo titulado “GM and US going broke” señala que en los negocios y el poder imperial siempre se llega a un punto de quiebre en el cual una serie de errores forzosos llevan a la debacle. “Con el tiempo todas las empresas quiebran” dice. Y hablando de los poderes imperiales y parafraseando a una amiga (también) a cada cerdo le llega su sábado. Sino que los estadounidenses revisen la historia y piensen en el destino de armadas invencibles, en Waterloos y Ostfronts.

 

No creo que sea para tanto...

No creo que sea para tanto...

Y la cosa se mueve: veo en el novísimo Google finance (novísimo al menos para mí) que cada acción de GM ahora cuesta 0.494 dólares. Pero para seguir el pulso segundo a segundo les sugiero que entren al siguiente enlace.