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Estrenos y reseñas


Depp como William Blake

Depp como William Blake

Es difícil imaginar a Johnny Depp como protagonista de un western, salvo que se trate de uno muy especial. Y especial tenía que ser la película del director de “Ghost Dog” (1999) y “Night on Earth” (1991), el singularísimo Jim Jarmusch. Esta película (Dead Man, 1995), que además tiene un reparto de lo más variado (Robert Michum, Gary Farmer, John Hurt, Gabriel Byrne, Lance Henriksen, Billy Bob Thornton, Alfred Molina, Iggy Pop y Michael Wincott), inicia con el viaje de William Blake (Depp) hacia el pueblo de Machine donde lo ha llevado una oferta de trabajo en la empresa de un tal señor Dickinson (un decrépito Mitchum). Sin embargo lo único que consigue el tímido Blake es conocer a una vendedora de flores de papel llamada Thel con quien pasa la noche. El problema es que Thel tiene un pasado con Charlie Dickinson (Byrne) que los sorprende en la cama -y en el acto trata de matar a Blake- pero solo consigue herirlo pues Thel se interpone entre ambos. Blake responde con el arma de la chica. Charlie cae muerto. Blake huye como puede. Se podría decir que este es el fin del primer viaje que la película relata. El segundo viaje comienza cuando Blake emprende la huída en compañía del indio “Nadie (Nobody)” (Farmer) que lo halla moribundo. Al saber el nombre del desgraciado que acaba de ayudar Nadie confirma que habla con un muerto viviente (ni más ni menos que el autor del poderoso The Tyger y sobretodo de los Proverbs of Hell).  Mientras tanto Dickinson padre contrata a tres matones para que persigan al forastero por el asesinato de Charlie y su “novia”, pero sobretodo por el robo del “pinto” de su hijo. Adentrándose en el territorio Blake y Nadie se dirigen a una cita cuyo término es fácil de adivinar. Blake se convierte en otra persona, una que responde: “¿Conoces mi poesía?” antes de disparar contra un oficial que le apunta. Una persona que escribe con sangre. Cuando Nadie le advierte que lo siguen, Blake responde:

- ¿Estás seguro? Es decir, ¿cómo puedes saberlo?

Y Nadie dice:

- A menudo el hombre blanco es precedido por su hedor maligno.

Blake es ahora un forajido acusado de asesinar a siete personas. Luego de una escaramuza con un taimado predicador (Molina) y sus acompañantes Blake recibe otro impacto de bala. Débil y siguiendo el curso de un río Blake le pregunta a Nadie:

- ¿Es este el bote que me llevará a través del espejo de agua?

- No, le responde su amigo -Este bote no es lo suficientemente fuerte, William Blake.

Al final de la película vemos como uno de los matones de Dickinson, un sanguinario asesino llamado Cole Wilson (Lance Henriksen) los alcanza a la orilla del mar. Blake está preparado para un entierro ritual. Cole y Nadie se disparan. Detrás de ellos la canoa ritual de Blake -el hombre muerto- se aleja. Como en otros momentos de la película la guitarra de Neil Young acompaña la secuencia.

Nadie preparando a Blake

Nadie preparando a Blake

Aho, William Blake!

Aho, William Blake!

De vuelta al lugar de donde provienen todos los espíritus

De vuelta al lugar de donde provienen todos los espíritus

Hace unos días fuí a ver “El Solista” (Joe Wright, 2009). Jamie Foxx / Nathaniel Anthony Ayers me hizo recordar a Mickey Mouse como aprendiz de brujo de la película “Fantasía” (1940) de Disney: ambos se visten igual, son más pose que sustancia y llegado el momento deben dejar que los profesionales hagan su trabajo. Pero por lo menos el orejudo de Disney es quien es. Y Foxx ha dado tumbo tras tumbo después de su celebrada actuación en Ray.

Este sí es un orejudo famoso

Este sí es un orejudo famoso

Este también quiere ser aprendiz de brujo

Este también quiere ser aprendiz de brujo

Pero bueno, sin dedicarle más tiempo a esto veamos algunas (entre otras tantas) de las cosas que están mal con esta película:

- Las patéticas secuencias de música acompañada por palomas en vuelo y el collage -estilo “Fantasía”- de colores danzantes acompañando las notas del cello.

- Robert Downey Jr. llorando por los males de la humanidad (no sé si nada más yo soy un insensible) cuando su “amigo” no le hace espeso el caldo.

- La pretensión de los escritores, actores y el director de que el tema en realidad es más importante de lo que es, es decir que “trasciende”.

- La noción de que los desórdenes de salud mental son algo holístico que puede ser tratado por terapeutas a lo new age (¿o cienciólogos?) y el descrédito implícito de los diagnósticos y prescripciones  apropiadas desde un punto de vista psquiátrico.

En fin, nada de esa mezcla de manipulación y sensiblería ofende. Por lo menos no tanto porque esto es un negocio y seguro habrá mercado que consuma lo que mañosamente intenta vender “El solista”. Lo que sí me ofende es el retrato real de los desamparados en la tan pujante, poderosa y “bendecida” nación del norte.

 

El último western del maestro Peckinpah (1973)

El último western del maestro Peckinpah (1973)

El sólido James Coburn y el sorprendente Kris Kristofferson estelarizan “Pat Garrett & Billy The Kid” (Sam Peckinpah, 1973). Junto a ellos actúan Bob Dylan, Jason Robards, el “indio” Fernández, Slim Pickens y Katy Jurado (entre otros). La historia de Patrick Floyd GarrettWilliam Harrison Bonney (aka Henry Antrim aka Henry McArty aka Billy The Kid) transcurre en el ocaso del siglo antepasado en la inmensidad del suroeste gringo. Coburn y Kristofferson dan vida a dos especímenes en vías de extinción, forajidos y antiguos compañeros de andadas vueltos enemigos. Uno debe perseguir al otro. La película inicia cuando el hombre de la ley (Pat) visita al Kid en su guarida. Mientras beben unos tragos tienen el siguiente diálogo (PG: Pat Garrett, BtK: Billy The Kid):

PG: ¿Puedo hablarte claro?

BtK:Para eso has venido.

PG: La ciudadanía…quiere que te vayas. Que salgas del país.

BtK: ¿Me lo dicen o me lo piden?

PG: Te lo pido yo.  Dentro de cinco días te obligaré a hacerlo.  Porque voy a ser el sheriff del condado de Lincoln.

BtK: El viejo Pat. Sheriff Pat Garrett. Vendido al clan de Santa Fe. ¿Cómo te sientes?

PG: Es… como si los tiempos hubieran cambiado.

BtK: Los tiempos, tal vez. Yo no. Oye, ¿por qué no te quedas? Tenemos algunos días, ¿no?

PG: No, tengo que regresar.

Se levanta para abandonar la cantina. Lo detiene la voz del Kid:

BtK: Adiós, Pat.

PG, dándose vuelta: Adiós, Bill.

BtK: No abuses de tu suerte.

PG, deteniéndose y mirando al Kid: No me preocupa mi suerte.

Garrett abandona el lugar…

Uno de los miembros de la banda del Kid, refiriéndose a Garrett: ¿Por qué no lo matas?

BtK: ¿Por qué? Es mi amigo.

La banda sonora compuesta e interpretada por Bob Dylan es uno de los puntos fuertes de este western:


Un gran momento de la película sucede cuando Garrett forma una “cuadrilla” con su antiguo compinche, el sheriff Colin Bear (Slim Pickens) ¡y la señora Bear! -que no es otra que una aguerrida Katy Jurado- y va en pos de los secuaces de Billy que se han atrincherado en una choza. Muy al estilo Peckinpah los involucrados (sobretodo Pickens y la Jurado) dejan hablar a las armas. Lo peculiar es que la señora Bear se carga a los criminales a punta de escopetazos. Nada de avisos previos. Detrás de ella el viejo Bear responde heroicamente el fuego de uno de los pistoleros pero también recibe dos balazos a las primeras de cambio. Luego se da vuelta y camina rumbo a la orilla del río con aire trágico pero resignado. A lo lejos se observa el crepúsculo. Cuando llega junto a la corriente y se sienta inician los acordes de la mítica “Knockin´on Heaven´s Door” anticipando el desenlace fatal. La Bear (Jurado) lo alcanza. Solo atina a llorar desconsoladamente.

Realmente la película está al nivel de esa otra joya que es “The wild bunch“. Y de igual manera que en esa cinta en esta otra lo inevitable se cierne sobre el futuro de ese par de cínicos, desalmados y moralmente ambiguos personajes tan idos y traídos por el cine: El Kid y el sheriff Garrett.

 

 

Qué tiempos aquellos en los que se podía leer a Cormac MacCarthy en paz. Yo comencé hace algunos años con un absoluto desconocido suyo (por estos lares), su libro “Meridiano de sangre” (Blood Meridian or the Evening Redness in the West). Luego corrió el rumor de que Ridley Scott lo haría película y que sería un western duro y sin concesiones. Entrevistado el sir Scott se atrevió a decir “Necesitas violencia para hacerla (la película) adecuadamente“. Y hablando del origen de esa violencia me era difícil pensar en la caracterización de uno de los personajes del libro, el juez Holden, de quien tiene algo que decir Harold Bloom:

“The first time I read Blood Meridian, I was so appalled that while I was held, I gave up after about 60 pages. I don’t think I was feeling very well then anyway; my health was going through a bad time, and it was more than I could take. But it intrigued me, because there was no question about the quality of the writing, which is stunning. So I went back a second time, and I got, I don’t remember… 140, 150 pages, and then, I think it was the Judge who got me. He was beginning to give me nightmares just as he gives the kid nightmares (…)

…Oh, no, no. The violence is the book. The Judge is the book, and the Judge is, short of Moby Dick, the most monstrous apparition in all of American literature. The Judge is violence incarnate. The Judge stands for incessant warfare for its own sake.”

Bloom añade en esa entrevista que Meridiano… es el western definitivo pues “culmina todo el potencial que la ficción del Oeste puede tener“.

Dicho eso pienso que el director ideal de este western definitivo tendría que haber sido un especialista en lo inevitable como Peckinpah. Pero ahora IMDB afirma que lo de Scott no va más y será otro (Todd Field) el que dirija el proyecto (y además escriba el screenplay). Así que a esperar (la verdad sin mucho ánimo) hasta el 2011.

Pero mientras tanto tenemos otros referentes fílmicos del trabajo de McCarthy: por ejemplo “All the pretty horses” (2000) que pasó sin pena ni gloria (gracias a Matt Damon y Penélope Cruz) a pesar de ser lo mejorcito de la trilogía de la frontera del autor estadounidense. Y claro, ya todos sabemos lo que pasó con el “No country for old men” de los Coen, que es una excéntrica forma de arte como otras tantas expresiones de ese par de hijos de Minnesota y se basa -si tomamos por buenas las reflexiones de Horace Engdahl a nombre de la Academia Sueca- en una literatura provinciana e ignorante de la cual McCarthy ni siquiera ocupa la primera línea:

“Los escritores estadunidenses son demasiado sensibles a las propias tendencias de su cultura de masas, lo cual arrastra consigo la calidad de su trabajo. Ese país está demasiado aislado, es demasiado insular. No traducen lo suficiente y no participan realmente en el gran diálogo de la literatura. Esa ignorancia les limita. Por supuesto, hay una literatura poderosa en todas las grandes culturas, pero no se puede soslayar el hecho de que Europa es el centro del mundo literario… no Estados Unidos” (AP)

Pues por una vez que bueno que la cultura de masas y la “alta cultura literaria” no caminen juntas, pues de haber sido así no habríamos tenido nunca películas como “El Padrino” ni “El Bueno, el malo y el feo” solo por mencionar algunos ejemplos. Y por otra parte hay mucho Le Clézio para quien quiera disfrutarlo.

Y volviendo al tema de este post, este año estrenan “The Road” (Ignoro el título en español, ¿será “En el camino”?), película basada en el libro homónimo de McCarthy. Tanto el tráiler como los datos de producción revelan que hay algunas sorpresas a priori desagradables. Por ejemplo, se antoja que los guionistas intentaron explicar un poco el porqué del “futuro apocalíptico y distópico” con recursos que mas bien corresponden al cine de catástrofe y sus excesos de CGI. No en vano Borges proponía “narrar los hechos como si (uno) no los entendiese del todo“. Además aparece la figura de la “esposa” (Charlize Theron) del ignoto protagonista (Viggo Mortensen)  lo cual luce arriesgado teniendo en cuenta que un punto fuerte del libro es la relación entre padre e hijo. Pero mejor no adelantarnos y esperar teniendo en cuenta que la crítica ha alabado (¡una vez más!) el trabajo de Mortensen y que el director (John Hillcoat) brilló en producciones como “The proposition” (un western australiano altamente recomendable). Veamos:

Ví esta película (Distrito 9, 2009) motivado por las credenciales de la gente detrás del proyecto. De entrada se agradece al productor (Peter Jackson) no haber recurrido a uno de los habituales del star-doom como protagonista ni haber situado a la maléfica nave invasora en el cielo de Manhattan. La elección de Johannesburgo como escenario de la “llegada” de los alienígenas no parece casual. En una escena pintoresca se puede ver el sórdido interior de la nave lo cual me hizo pensar en el posible aspecto de una embarcación de trata de esclavos: Probablemente eso eran los extraterrestres varados en el espacio aéreo sudafricano. Y digo que la elección de la ciudad no es casual porque a esos visitantes del espacio exterior les toca vivir en un ghetto en la nación que hizo normas legales para justificar la separación de las razas: El apartheid. Abundan los ejemplos de intolerancia: uno muy pintoresco incluye a una mujer negra (nada de eufemismos como “mujer de color”) que se queja con vehemencia de la decisión gubernamental de dar dinero a esa nueva e incómoda minoría.  Pero el giro de tuerca que hace realmente subyugante la historia es la ideología de Multi-National United (MNU), el organismo encargado de lidiar con los invitados no humanos del distrito 9. MNU es una corporación privada que “vigila” a los alienígenas. Esa vigilancia de tanto en tanto se torna abusiva tal como lo demuestra Wikus van de Merwe (Sharlto Copley) que nos recuerda que a veces un burócrata es el tipo más eficiente de persona intolerante que existe (para muestra un botón: favor dirigirse a cualquier oficina de gobierno para realizar un trámite odioso. Para garantizar que la prueba controlada tenga al espécimen en su elemento asegurarse de no llevar todos los requisitos). El señor van de Merwe es un petimetre recién ascendido a jefe de la sección de relocalización de extraterrestres y la principal fortaleza de su currículo es ser yerno del mandón de MNU.

Wikus haciendo el trabajo sucio de MNU

Wikus haciendo el trabajo sucio de MNU

Aquí en un momento muy importante de la trama

Aquí en un momento muy importante de la trama

Wikus no tiene que ser tolerante. Solo tiene que cumplir su deber y lo hace puntillosamente ya sea notificando a los pobladores del distrito 9 de su inminente relocalización o realizando muy quitado de la pena un acto de control de la natalidad cuando encuentra una colonia -ilegal, por supuesto- de embriones de alien. No es mal tipo. Solo tiene eso que Jorge Gómez Barata mordazmente describe así (con mis negritas):

“Parece como si la intolerancia fuera parte del pecado original, mácula que nos hace juzgar implacablemente a lo distinto y a los otros. La arrogancia impide percibir que la otredad es una ruta de dos vías, en la que los papeles se cambian constantemente y que somos respecto a los otros, lo mismo que ellos con relación a nosotros.”

Y si el canon recomienda dar la otra mejilla, amar al prójimo como a uno mismo y, a fin de cuentas, consustanciarse con el otro, en la historia el buen Wikus está a punto de entender en carne propia esos conceptos.

Cuando apareció el tráiler de esta película hubo quien dijo que revelaba mucho de la historia.  Nada más falso. Y qué bueno por la mancuerna Jackson – Blomkamp.

Clint Eastwood es Jonathan Hemlock, profesor de arte, ex montañista y antiguo asesino al servicio del espionaje norteamericano en “The Eiger sanction (1975)” . Recordé esta película al ver el inicio de la zaparrastrosa Cliffhanger (1993) de Stallone. Ambas difieren en el hecho de que uno de los escaladores (Eastwood) es un “ser crepuscular” que debe sudar (literalmente) la gota gorda para poder realizar las proezas que habitualmente se esperan de un héroe de acción. Obviamente no recordaba el título pero con un poco de paciencia dí con el dato. Curioso que en español le hayan puesto eso de “Licencia para matar” perdiendo el eufemismo de la “sanción” del título original.  El autor de la novela (y del guión fílmico) es un tal Trevanian (aka Rodney Whitaker) que fue famoso en los 70s por sus libros de espionaje. Whitaker parece haber escrito sus obras medio en serio medio en broma. Muestra de ello es la elección de los nombres para sus personajes: El villano es un tal Urassis Dragon (léase en inglés y sustituyendo dragon por dragging). Las mujeres de la obra son un caso a parte. Tiene una Ann Bidet (Ana Bidé), una Randi Knickers (Randi Bragas) y hasta una Jemina Brown (que no precisamente se dedica a hacer panqueques). Ni siquiera el protagonista se salva: “Hemlock” quiere decir cicuta así que el título podría ser un suceso chapucero de cierta filmografía de quinta, algo así como “El profesor Cicuta va a la montaña“. Porque eso sí, el Eiger no es de utilería:

El pico de las sanciones del doctor Cicuta

El pico de las sanciones del doctor Cicuta

Revisando la novela hay una frase que es involuntariamente graciosa, casi teatral. Dragon dice “come in, Hemlock” (“Entra, Cicuta”) y puedo imaginar a un Sócrates bebiendo la ponzoña. ¡Porque Cicuta mata!

De cualquier manera “The Eiger…” cumple como película de acción. No puedo separar el ser fan de Clinty pero me pasé las más de dos horas de duración de la película en un hilo con todo el intríngulis de la intriga internacional de altos vuelos (a pesar de que era más que evidente quien era el asesino).

"The Eiger Sanction" (1975. Eastwood, Kennedy)

"The Eiger Sanction" (1975. Eastwood, Kennedy)

Acabo de ver “Hundan al Bismarck” (1960) y “Midway” (1976). Esta última para avanzar en la filmografía de Charlton Heston. Y aprovechando voy revisando algunos títulos de los clásicos absolutos del género confirmando que películas como “Apocalypse now”  (1979), “Gallipoli” (1981), “Todo tranquilo en el frente del oeste” (1930), “Das boot” (1981), “A bridge too far” (1977), “El puente sobre el río Kwai” (1957), “Dirty dozen” (1967), “Platoon” (1986), “Full metal jacket” (1987) y un largo etcétera apuntalan mi absoluta devoción por el cine. Con un poco de maldad compruebo también que recientemente no se han sumado muchos títulos a esa lista. Me refiero a películas de los noventas y de la década presente. Hay quien menciona “La delgada línea roja” (1998) y “Black hawk down” (2001) y algunos títulos, sin duda menores, sobre el conflicto en Irak (por ejemplo “Jarhead” (2005)) y por ahí también aparece “Letters from Iwojima” (2006) [mejor no hablemos de "Flags of our fathers" (2006)]. Tampoco creo que la “Inglorious basterds” de Tarantino vaya a cambiar mucho las cosas, pero el tiempo dirá. De todas maneras el énfasis en la acción machacona, patriotera (gringa -por supuesto- en bazofias como “Fuimos héroes” (2002)) y absolutamente dependiente de CGI ha arruinado el cine bélico. Pienso en como algunas películas conseguían mantenernos al filo del asiento y absolutamente en vilo con un mínimo de elementos visuales, pero agilidad narrativa y la dosis adecuada de tensión psicológica generalmente gracias a la maestría de las interpretaciones, la música y algo así como un cierto sentido moral -a veces- o instintivo (aquí pienso en la presencia de un enemigo avasallador, que ataca con la perfección de una máquina y es detenido in extremis por el esfuerzo enajenado de un puñado de hombres o la participación de lo inesperado) ligado al “arte” de partirle la crisma al prójimo. En fin, en honor a esos tiempos idos (y) jamás volvidos termino con unos cuantos de esos momentos gloriosos

Torpemente llamada "A bullet for the general" en los EEUU

Torpemente llamada "A bullet for the general" en los EEUU

Un tema recurrente de los spaghetti westerns es la revolución mexicana. En 1966 Damiano Damiani dirigió a Gian Maria Volonte, Lou Castel y Klaus Kinski (entre otros) en una película llamada “¿Quien sabe?”. El tema principal (“Ya me voy“, cantado por Ramón Mereles) que además acompaña el inicio de la película pueden escucharlo a partir del minuto y 27 segundos (1:27) en el vídeo a continuación

Otro gran hit es “Grand duel (parte prima)” que muchos piensan fue compuesto para Kill Bill vol. 1 pero como su nombre sugiere también proviene del spaghetti western (1972). Es imposible no trasladarse a un rincón polvoriento del imaginario oeste gringo (ambientado en Almería, España) y ver llegar al héroe -Lee van Cleef- vestido de negro y dispuesto a enfrentar a los villanos porque el sheriff Clayton “vió quien mató al viejo Saxon”:

ENLACE para Grand Duel

Y esta otra joya que es una SORPRESA

En 1994 Mario Ruoppolo nos decía, gracias a Antonio Skármeta y Michael Radford, que era hombre, comunista y poeta

Mar y tango

Mar y tango

Y aunque en el OST también estaba Madreselva con Gardel cantando pian pianito el tema principal arrasaba:

Luis Enríquez Bacalov dice que le pidieron el tema de “¿Quién sabe?” porque era argentino y seguro sabía “historias de mexicanos”. Y seguro algo sabía pues su “Ya me voy” no desmerece. Ni qué decir de sus piezas para westerns (de las que Grand duel y Django solo son pequeñas muestras). Pero zapatero a tus zapatos, porque en Grand duel parece que fuera a arrancar una zamba que se va quedando y el rumbo se retoma con autoridad en Il Postino ¡A punta de piano y bandoneón!

Fábula: El ceñudo Carl Fredicksen, antiguo vendedor de globos y entusiasta de la aventura, acaba de quedarse viudo a los 78 años. No ha podido satisfacer el deseo de visitar una sudamérica soñada junto con Ellie, su difunta esposa. Su casita multicolor comienza a resultarle insoportablemente grande. Además el tranquilo barrio de los suburbios donde vive está siendo sustituido por rascacielos. Un día pierde los papeles con un obrero que accidentalmente le rompe el buzón -un objeto plagado de recuerdos- y no tardan en declararlo peligroso para la sociedad: tanto que un juez resuelve mandarlo a un asilo. El día que van a buscarlo un resignado Fredicksen pide que le permitan entrar para ver por última vez su casa. Los enfermeros aceptan pensando en el enésimo adulto mayor melancólico. Poco después los sorprende un estruendo: La casa se eleva ante sus ojos propulsada por miles de

globos

Y la casa vuela y vuela y el triunfante Carl está cómodamente sentado en su comodísima poltrona mientras suena un alegre dadadadá dadadadá tururu

que súbitamente es interrumpido por un anticlimático golpeteo a la puerta . ¿Quien toca al número 18? Vean a continuación

Claro, el que toca es Russell, su compañero de viaje.

Al principio de la película una pletórica y chimuela Ellie le muestra al jovencísimo Carl su libro de aventuras que tiene reservada toda una sección en blanco para las “cosas a hacer” una vez alcanzado el destino soñado de la aventura, que es donde finalmente arriba el jubilado Carl. Pero su premio no está en una circunstancial cascada Paraíso. El premio para los protagonistas (Carl, Russell, Kevin y Dug) y para nosotros es encontrarse, es la vida y vale -no me cabe la menor duda- una corcholata de refresco de uva.

Los protagonistas

Los protagonistas

La insignia de Ellie

La insignia de Ellie

Mientras en Cannes llama la atención la “Inglourious basterds” de Tarantino voy terminando de ver una película de 1977 que fue dirigida por un tal Enzo G. Castellari. Este director fue famoso por una serie de espaghetti westerns sesenteros -que sin duda infundieron vigor al género- como Go Kill and Come BackSeven Winchesters for a Massacre y Go Kill Everybody and Come Back Alone. Castellari siguió con la racha exitosa en los setentas con su Keoma (1976), que obviamente también era de vaqueros. Pero hablo de esto no como una reacción hiperviolenta (con Winchesters y Colts) contra el cine bélico ni las extravagancias de Tarantino (Además la Basterds se verá por estos lados en Agosto y eso si bien nos va).

Sobre la película que ví les voy a dar una pista: ¿Qué podrían hacer juntos un actor sueco emigrado a Estados Unidos, PhD en metafísica y exalumno de UCLA junto con un negro exjugador de fútbol, arquitecto y luego actor de cine de acción? 

Respuesta: ¡Una película grindhouse!

Pero no cualquier película grindhouse, sino una muy especial…

Ustedes ya saben que hay nazis, balazos, operaciones encubiertas, unos cuantos desnudos que no vienen al caso y que cualquier parecido con “Los doce del patíbulo” (The dirty dozen – 1967)  es mera coincidencia.

También conocida como GI Bro (Por Fred Williamson)

También conocida como GI Bro (Por Fred Williamson)

 

El título italiano de la película

El título italiano de la película

Así fue distribuída en EEUU

Así fue distribuída en EEUU

Dicen que los pósters deben ser mejores que la película

Dicen que los pósters deben ser mejores que la película

 

Yeager, Canfield, Tony, Nick y Berle -los Bastardos sin gloria de Castellari- casi inauguran un subgénero: el espaghetti-bélico. Casi lo lograron. Casi. ¡De no haber sido por aquel maldito tren blindado!