Etiquetas
aeromexico amor belleza Bogotá Bolivia borges camapafe ciencia ciencia ficción Cine Colombia crisis cultura light Dustin Hoffman Elvis Evo Morales fantasía garota de Ipanema Guadalupe humor idolatría Infierno influenza porcina Lee van Cleef manipulación mentira misoginia mito Morricone México México DF música otredad peckinpah Política secuestro segunda guerra mundial spaghetti western tango terrorismo thriller vuelo 576 web 2.0 western ángelesTop Rated
Archivos en la Categoría: música
El Folsom prison blues y los covers de Cash
Encontré este sitio fabuloso (Copy Cats) rondando por el universo de Tumblr. Lo recomiendo fervorosamente. ¿De qué se trata? La sucinta bienvenida dice “cover songs, remixes, mashups & nothing else”. Garantizo que eso asegura al menos unos minutos de diversión.
Recuerdo a un mucho mejor Charly, aquel del famoso “desenchufao” para MTV. Aquel del símbolo de paz, del chipi chipi, ese que dice que reza por vos, que se pone “Fanky” o que canta cosas como:
Pero ahora, hace unos días para ser exactos en las versiones “preliminares” de la web y la “oficial” de ayer Charly anuncia nuevo disco con una grabación inédita llamada “Deberías saber porqué”.
Habrá que esperar para ver el resultado del disco, pero como se las gasta el porteño no extrañaría que le dé por “demoler hoteles” y mande al diablo todo el proyecto.
En Perú le dicen marinera. En Chile usan el mismo término que nosotros: cueca. En todos los casos se trata de un ritmo bailable. Nadie puede afirmar que alguna sea mejor o peor. Todas tienen origen español tal como sugiere el cuadro de Pérgamo y cols. que emparenta nuestros bailes nacionales (argentinos, bolivianos, chilenos y peruanos -en estricto orden alfabético) con el fandango, lo cual es difícil de imaginar sobretodo si escuchamos una obra maestra del barroco, como el “Fandango del padre Antonio Soler”, que personalmente me recuerda más a la marinera que a sus otros primos latinoamericanos
Precisamente la zamacueca peruana fue introducida a Chile en la segunda década del siglo XIX. Y tuvo tanta aceptación que en el propio Perú -según dice Abelardo Gamarra (link)- comenzaron a conocer ese ritmo como “chilena”. Y como en el 79 tuvimos una guerra que nos enfrentó (la del pacífico) surgió la necesidad de cambiarle el nombre al baile aprovechando la saga del buque “monitor Huáscar” y su valerosa tripulación (otra vez Gamarra, 1899):
“…fuimos nosotros los que una vez declarada la guerra entre el Perú y Chile creímos impropio mantener en boca del pueblo y en sus momentos de expansión semejante título; y sin acuerdo de ningún consejo de Ministros, y después de meditar en el presente título, resolvimos sustituir el nombre de chilena por el de marinera; tanto por que en aquel entonces la marina peruana llamaba la atención del mundo entero, y el pueblo se hallaba vivamente preocupado por las heroicidades del Huáscar, cuanto por que el balance, movimiento de popa, etc. etc., de una nave gallarda, dice mucho con el contoneo y lisura de quien sabe bailar, como se debe, el baile nacional. Marinera le pusimos, y marinera se quedó…”
Pero no pretendo seguir hablando de la marinera ni de la cueca chilena: por obvias razones puedo y debo hablar de la cueca boliviana, que aunque se baila yo diría que más se siente y se vive. No me atrevo a decir que sea nuestro ritmo nacional pero sí que es único. Tanto que una especie de segundo himno boliviano es precisamente una cueca, que le canta a nuestra idiosincrasia y es el son de nuestras tristezas y alegrías, como debe ser toda buena cueca. Me refiero a “Viva mi patria Bolivia” que les presento a continuación en la versión más conocida cantada por Pepe Murillo y Luis Rico (entre otros) y con el charango insuperable del maestro Ernesto Cavour
Y también con banda -o mejor dicho, con todas las bandas orureñas
O en esta extraña pero valiosa versión folk de Joan Baez y Mimi Farina
Y aunque habría miles de ejemplos (nada más para comenzar dejo arrinconadas “Tanto te amé“, “El regreso“ / “El regreso (otra versión)“ e “Infierno Verde“) creo que con lo que sigue quedará claro lo que no consigo decir y sí logran con creces las voces de Jenny Cárdenas ["No le digas"] y el charango del maestro William Ernesto Centellas ["Soledad"]
“Soledad, soledad…
esta noche estoy muy triste
se me ha ocultado la luna
y no cabe duda alguna
quese fue porque te fuiste. (Bis)
Soledad, soledad…
en la soledad de mi alma
lloraré mi desventura
si el orgullo me da calma
que se acabe mi amargura.Si solo estoy aquí
sin tu querer mi bien
-si algún día tú volvieras
a devolverme la calma (bis)”
No soy de La Paz pero me rindo ante esta canción del maestro Néstor Portocarrero que he debido escuchar mil veces desde la infancia ya sea cantada por doña Gladys Moreno, por algún cantante argentino cuyo nombre ahora no recuerdo y por supuesto por amigos (y con cervezas como dice la canción) que seguro todavía la tienen a buen recaudo en el repertorio. Esta versión del trío Oscar Grageda me parece absolutamente digna de compartir. Va la letra para que se entonen con esa “Tierra mía” que no es tan mía pero casi…
Tierra mía, mi canción como un lamento va en las noches desde ignota lejanía y en sus versos el recuerdo hecho armonía sollozando por el monte lleva el viento. En tu cielo de un azul inmaculado son tus flores de un perfume sin igual, desde el lago Titicaca te han cantado mil sirenas con sus voces de cristal. Sopocachi...de mis sueños juveniles quince abriles, quién volviera hoy a tener. Miraflores, mi refugio dominguero sólo espero a tu regazo volver. Y cantar mi serenata bajo tu luna de plata cerca del amanecer y entre amigos con cerveza disipar esta tristeza y una nueva vida hacer.
more about “Illimani Tango by Oscar Grageda Trio“, posted with vodpod
Para poder disfrutar más el anterior post…
Poco interesados abstenerse. También va “A felicidade”.
Nada más cómodo que sentarse con amigotes en la tarde generosa que trae algo de brisa. Y si no hay amigotes y uno puede escoger donde estar que mejor que repetir la brisa a la orilla del mar. O por lo menos en un lugar con una gran vista, requisito indispensable porque en mi caso -cínico pero sincero-, puedo decir que ser mirón me ha dado tanto…
Y no precisamente porque yo haya sido mirón, que no lo niego, sino por cosas relacionadas a ese arte. Por ejemplo, cierto capítulo de “La Habana para un Infante difunto”, genialmente titulado “La visión del mirón miope” en el que Cabrera Infante dice con sublime fraseo:
“En esa atalaya amorosa por la noche descubrí el arte de mirar”
Lo cual sugiere los elementos del oficio del buen mirón: un sitio recóndito e inaccesible en el que el especialista no pueda ser hallado; un momento particular para dedicarse a tales menesteres y una enorme dedicación sensual. Y respecto a esto último me refiero a unos sentidos exaltados y no a lo estrictamente sexual. En cuanto al sitio recóndito e inaccesible: puede ser uno alejado de las miradas aún en medio de infinidad de personas, precisamente por lo gris del protagonista. Por ejemplo, en una esquina estratégica en un restaurante o un café donde todo mundo está divirtiéndose ajeno a nuestras miradas. O en una calle concurrida. Y finalmente hablo del momento particular porque como dice la canción (a veces) (la) tristeza no tiene fin, (la) felicidad sí…
Ese arte discreto nos ha dejado entre otras cosas una canción porque en cierta ocasión una ondina sutil que enfilaba hacia la playa se dejó ver por dos mirones de excepción. El nombre de esa ninfa es Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto. Uno de los afortunados mirones diría:
“Su nombre es Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, pero todos la llaman Helô. Ella pasaba desde hace tres años, en la intersección de Montenegro y Prudente de Morais, rumbo a la playa, y eso nos fascinaba. Desde nuestro puesto de observación, en el Veloso, donde tomábamos nuestra cervecita, Tom y yo enmudecíamos ante su maravillosa presencia. El aire se volvía más volátil como para facilitarle el divino balanceo del andar. Y allá iba ella, toda linda, la garota de Ipanema, desarrollando en su recorrido la geometría espacial de su balanceo casi samba, y cuya fórmula habría eludido al propio Einstein; sería preciso un Antonio Carlos Jobim para pedir al piano, en grande y religiosa intimidad, la revelación de su secreto.
Para ella hicimos, con todo respeto y mudo encantamiento, la samba que la colocó en los titulares del mundo entero e hizo de nuestra querida Ipanema una palabra mágica para los oyentes extranjeros. Para nosotros ella fue el paradigma de lo carioca; la moza dorada, mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia pero cuya visión es también triste, pues consigo trae, camino del mar, el sentimiento de la juventud que pasa, de la belleza que no es sólo nuestra – y y un don de vida en su lindo y melancólico fluir y refluir constante“

Helo, minina ¡fica pra mi!

Moza de cuerpo dorado
Esta moza dorada por el sol inspiró a Vinicius de Moraes y a Antonio Carlos Jobim, los parroquianos del Veloso, para componer (letra y música, respectivamente) , obviamente, ”La garota de Ipanema“ que ha sido interpretada por varios pero entre ellos los más notables han sido Joao y Astrud Gilberto junto con Stan Getz así como el inmortal Frank Sinatra. En mi caso la voz tiplada pero serena de Astrud horada profundo profundo cuando dice:
“Olha que coisa mais linda
Mais cheia de graça
É ela menina
Que vem e que passa
Num doce balanço, a caminho do marMoça do corpo dourado
Do sol de Ipanema
O seu balançado é mais que um poema
É a coisa mais linda que eu já vi passarAh, porque estou tão sozinho
Ah, porque tudo é tão triste
Ah, a beleza que existe
A beleza que não é só minha
E também passa sozinhaAh, se ela soubesse
Que quando ela passa
O mundo inteirinho se enche de graça
E fica mais lindo
Por causa do amor”
Que si escuchamos en primer lugar hace pensar que la versión en inglés desmerece…

Partitura de la garota
(nota: “A felicidade” otra obra de la dupla Jobim – De Moraes inicia así: “Tristeza nao tem fim Felicidade, sim…/ A felicidade é como a pluma que o vento vai levando pelo ar / Voa tao leve mas tem a vida breve/ precisa que haja vento sem parar…”)

se fue porque te fuiste. (Bis)