
Josmar Flores Pereira dispuesto a salvar a México (foto Milenio)
“Poco después de que el cardenal Giovanni Battista Montini se volviese el papa Paulo VI en 1963, él dejó claro que iba a ser un papa viajero (…) (y desde entonces) ha cumplido su promesa (…): ocho viajes totalizando 41000 millas. Su noveno viaje, que comenzó esta semana (…), (entre) Australia y Samoa – ha sido el más largo hasta ahora y, por lo que se ve, el más peligroso. En Manila, el papa Paulo VI ha estado más cerca que ningún papa en varios siglos de ser asesinado”
“El ataque ocurrió poco después de que el pontífice descendió del chárter DC-8 de Alitalia hacia el brillante sol del aeropuerto de Manila. A medida que Paulo y el presidente de Filipinas Ferdinand E. Marcos pasaban en medio de una multitud de admiradores, un hombre con el cabello cortado al ras, vestido con un hábito clerical de color gris y sosteniendo un crucifijo se le abalanzó. Súbitamente deslizó una daga malaya de un pie de largo desde el interior de su manga y con ella apuñaló al papa. Hombres de la iglesia en torno a Paulo VI bloquearon al asaltante, y personal de seguridad lo sacó rápidamente del camino.”

Benjamín Mendoza y Amor en una foto reciente
En aquel entonces se mencionó que el atentado ocurrió como un acto publicitario. Quien sabe. Al ser entrevistado Mendoza contestó que quería matar al papa para “salvar al mundo de la hipocresía y de la superstición”. Tremenda inocencia -¡y descaro!-. Sin embargo me detengo un poco a pensar en sus palabras: Hipocresía y superstición. Precisamente la suerte de cosas que animan a este otro, el desconocido que ha puesto de cabeza a todo México. O como diría el mayor Clipton en el final del “Puente sobre el río Kwai“: “¡Locura!, ¡locura!“