Los medios reportaron la noticia desde las 14:40 hrs.: El vuelo 576 de Aeroméxico en ruta de Cancún a México DF había sido secuestrado. Noticieros radiales informaron que se trataba de al menos 3 personas y que una de ellas era un boliviano. Se decía que este grupo de terroristas amenazaba con hacer explotar el avión en caso de no poder hablar con el presidente Calderón. Los reporteros mencionaban una solicitud de asilo político. Posteriormente el grupo de aeropiratas permitió que tanto mujeres y niños, y luego el resto de los pasajeros, abandonaran la nave (un Boeing 737). Poco después los terroristas también salieron del avión y fueron detenidos. Se habla de 6 personas. Las autoridades descartaron la presencia de explosivos en el interior del Boeing. No se sabe a ciencia cierta cuantos de ellos son de origen boliviano.
Aunque es muy pronto para las preguntas: ¿Tendrá que ver algo de esto con nuestro agitado proceso electoral? ¿Será factible alguna relación con el caso Rosza? ¿Quién aprovechará esto? (¿El MAS o sus contrincantes?).
Nada ocurre sin un motivo, menos si recordamos que “quien lobos anda (Chávez, Fidel, etc)…”
Las vacaciones nunca duran lo suficiente. Sobretodo si uno va a casa, donde todo tiene un significado especial y casi todo se disfruta. Tanto cariño te deja siempre con sabor a poco y caminar por esas nuestras calles (que algún cronista describió como diseñadas para velocidad de marcha fúnebre) y oír, ver y oler todo lo que la ciudad ofrece es empaparse de mucha vitalidad y un ritmo que no se encuentra en parte alguna como sugiere Gao Xingjian en su “Montaña del alma”. Es un viaje a un lugar recóndito protegido por nuestros recuerdos y alegrías. Un sitio al cual uno va animoso y que te acompaña en el retorno.
Dos curiosas noticias aparecieron recientemente en los medios nacionales e internacionales. En la primera el titular reza: “Viceministro dice que el 62.2% de los bolivianos acullica coca“. El término acullicar requiere una explicación adicional. Implica masticar o más propiamente aplicar contra el carrillo un amasijo de hojas de coca tratadas con un agente caústico (llujt’a) que promueve la absorción de algunos de los constituyentes químicos del vegetal. En mi adolescencia fui instruido sobre la técnica del acullico precisamente en el corazón del conflicto cocalero: en una región del oriente de mi departamento llamada Chapare. Mi experiencia con esa “costumbre ancestral” no pasó del experimento burdo. Y aunque esa vez ví a mis padres y a mi hermano mayor seguir la tradición puedo atestiguar que ninguno de nosotros acostumbramos acullicar coca. No es que simplemente nos sentemos y abramos nuestra bolsita de hojas de coca y dediquemos unas horas a esa práctica teniendo en mente un esfuerzo sobrehumano (como trabajar en la mina) o queriendo paliar la sensación de frío, el sorojchi (mal de altura) ni el hambre. Ni siquiera que hagamos eso por socializar. Y como tampoco conocemos parientes o amigos que aculliquen rutinariamente creo que para dar mérito de ciertas a las cifras del viceministro solo resta entender que pertenezco a una parte poco representativa de la población. Lo curioso es que ese porcentaje y “el persistente incremento del consumo tradicional” se arguyen como la justificación oficial para elevar el límite de hectáreas permitidas de 12 mil a 20 mil. Si como digo damos por ciertas las cifras todavía queda un pero: el consumo de coca es un sustituto absolutamente tercermundista de la satisfacción de necesidades vitales como alimento apropiado, abrigo, sueño, medicinas, etc. Por otra parte es un medio de elusión de la realidad (parecido al alcohol o el cigarrillo). Entonces: ¿Qué clase de gobierno es este que quiere solucionar problemas reales con cristalitos? Lo que no se dice es que la mayor parte del excedente que actualmente existe y que dentro de poco no será ni siquiera ilegal está destinado a la producción de cocaína. La coca boliviana se cultiva en Los Yungas (La Paz) y en el Chapare (Cochabamba). Según un dirigente paceño solo la coca yungueña es apta para el acullico (ver nota). Si eso es cierto ¿para que insistir en el libre cultivo de la hoja chapareña si no es útil para el uso “tradicional”? No hace falta ser un genio para responder a esa última pegunta. Pero si queda alguna duda vale la pena recordar quien es el máximo dirigente de las seis federaciones de productores de coca del trópico de Cochabamba (y al mismo tiempo presidente de la república, o ahora “estado plurinacional”) y leer con algo de malicia la nota del periódico español ABC (“Los cocaleros financian con 20 toneladas de coca la campaña electoral de Evo Morales“) que en su parte saliente dice:
“El presidente de Bolivia, Evo Morales, financiará parte de su campaña electoral con algo más de 20 toneladas de hoja de coca, que serán entregadas por 40.000 productores del departamento Cochabamba, en el centro del país. Las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, sindicato del que Morales es el principal dirigente, decidió el pasado fin de semana que todos sus afiliados deberán entregar una libra -450 gramos- de hoja para la campaña. Así, para que su líder sea reelegido en los comicios del próximo 6 de diciembre, los cocaleros aportarán 20.430 kilos, cuyo valor en el mercado es de unos 60.000 euros.”
¿Quién extraña a las roscas y lobbistas de antaño? Bolivia cambia, Evo cumple.
Del fandango, a la zamacueca, a la cueca y la marinera
En Perú le dicen marinera. En Chile usan el mismo término que nosotros: cueca. En todos los casos se trata de un ritmo bailable. Nadie puede afirmar que alguna sea mejor o peor. Todas tienen origen español tal como sugiere el cuadro de Pérgamo y cols. que emparenta nuestros bailes nacionales (argentinos, bolivianos, chilenos y peruanos -en estricto orden alfabético) con el fandango, lo cual es difícil de imaginar sobretodo si escuchamos una obra maestra del barroco, como el “Fandango del padre Antonio Soler”, que personalmente me recuerda más a la marinera que a sus otros primos latinoamericanos
Precisamente la zamacueca peruana fue introducida a Chile en la segunda década del siglo XIX. Y tuvo tanta aceptación que en el propio Perú -según dice Abelardo Gamarra (link)- comenzaron a conocer ese ritmo como “chilena”. Y como en el 79 tuvimos una guerra que nos enfrentó (la del pacífico) surgió la necesidad de cambiarle el nombre al baile aprovechando la saga del buque “monitor Huáscar” y su valerosa tripulación (otra vez Gamarra, 1899):
“…fuimos nosotros los que una vez declarada la guerra entre el Perú y Chile creímos impropio mantener en boca del pueblo y en sus momentos de expansión semejante título; y sin acuerdo de ningún consejo de Ministros, y después de meditar en el presente título, resolvimos sustituir el nombre de chilena por el de marinera; tanto por que en aquel entonces la marina peruana llamaba la atención del mundo entero, y el pueblo se hallaba vivamente preocupado por las heroicidades del Huáscar, cuanto por que el balance, movimiento de popa, etc. etc., de una nave gallarda, dice mucho con el contoneo y lisura de quien sabe bailar, como se debe, el baile nacional. Marinera le pusimos, y marinera se quedó…”
Pero no pretendo seguir hablando de la marinera ni de la cueca chilena: por obvias razones puedo y debo hablar de la cueca boliviana, que aunque se baila yo diría que más se siente y se vive. No me atrevo a decir que sea nuestro ritmo nacional pero sí que es único. Tanto que una especie de segundo himno boliviano es precisamente una cueca, que le canta a nuestra idiosincrasia y es el son de nuestras tristezas y alegrías, como debe ser toda buena cueca. Me refiero a “Viva mi patria Bolivia” que les presento a continuación en la versión más conocida cantada por Pepe Murillo y Luis Rico (entre otros) y con el charango insuperable del maestro Ernesto Cavour
Y también con banda -o mejor dicho, con todas las bandas orureñas
O en esta extraña pero valiosa versión folk de Joan Baez y Mimi Farina
Y aunque habría miles de ejemplos (nada más para comenzar dejo arrinconadas “Tanto te amé“, “El regreso“ / “El regreso (otra versión)“ e “Infierno Verde“) creo que con lo que sigue quedará claro lo que no consigo decir y sí logran con creces las voces de Jenny Cárdenas ["No le digas"] y el charango del maestro William Ernesto Centellas ["Soledad"]
“Soledad, soledad…
esta noche estoy muy triste
se me ha ocultado la luna
y no cabe duda alguna
que se fue porque te fuiste. (Bis)
Soledad, soledad…
en la soledad de mi alma
lloraré mi desventura
si el orgullo me da calma
que se acabe mi amargura.
En una jornada inusualmente activa Xavier Velasco escribe una columna “Un poco de idiología” (Milenio 6/06/2009) que va como anillo al dedo ante mi duda de porque somos como somos. Velasco escribe:
“Hay cuando menos dos clases de idiota: el que es y el que está. En términos prosaicos (gracias Xavier), quien así ha sido siempre y quien así se pone”
Y antes de seguir con eso debo mencionar un tipo especialmente virulento de idiotez que lista el señor Velasco: la idiotez ideológica.
Si uno abre el periódico estos días o ve la televisión o escucha en la radio una noticia que habla de un país lejano, aislado, con una economía perpetuamente en crisis, gobernado por un fanático que con los ojos inyectados de odio llama a las masas a apoyar sus designios y luego otros representantes “populares” mucho más fanáticos hacen eco de ese llamado y prestos y ansiosos de sangre claman por expulsar del territorio a personas de un país limítrofe en represalia a la presencia incómoda de un gobernante ajeno a la “ideología” del líder local. Y si como excusa se plantea que el vecino se opone a entregar a unos asilados políticos juzgados de antemano en su país de origen “por el mandato popular” -y el dedo flamígero del líder, que además insiste en atacar no solo a su rival sino que se excede en los comentarios adversos sobre asuntos que solo competen al vecino uno puede pensar que se trata de esas zonas en el mundo donde abunda el fanatismo religioso y que esa noticia trata de mullahs, fatwas, yihads, muyahidines y especies similares. Pero no…
El entrometido en cuestión es Evo Morales. Los agraviados son Perú y Alan García. En ese orden. García no es de mi agrado pero debo reconocer que se ha portado como se espera de un mandatario, sin golpes bajos ni cotilleo. Y puesto que primero se pretende ofender no a la persona del presidente sino al ciudadano Alan García, cuyas ideas son precisamente opuestas a las ciudadano Evo Morales, el presidente García decide -en buena hora- no responder las chicanerías del extraviado presidente que tenemos. Y ni siquiera Evo es original en su pleito de barrio con Perú, porque esto recuerda sospechosamente el conflicto Chávez contra Uribe aunque es preciso reconocer que el troglodita venezolano es de otra categoría en cuanto a dislates. Doblemente sospechoso es que Chávez comenzara las agresiones anticolombianas precisamente en vísperas de elecciones tal como ha hecho su acólito cocalero (en diciembre votamos pase lo que pase).
Hoy escuché radio Panamericana de La Paz y un miembro de la bancada oficialista hablaba de consecuencia ideológica como el argumento que justificaba los desvaríos de Evo y el llamado a las armas para expulsar a los peruanos en El Alto. ¡Ahora sí que ya somos como Irán! (¿y Evo es nuestro ayatollah?)
Vale la pena corregir, siguiendo el texto de Velasco, que lo de Evo y su gente es consecuencia con (una) idiotez ideológica. Ni más ni menos. Y respecto a la taxonomía de esa “consecuencia” mejor que cada quien responda a la pregunta: ¿Es de SER, o es de ESTAR?