Ví esta película (Distrito 9, 2009) motivado por las credenciales de la gente detrás del proyecto. De entrada se agradece al productor (Peter Jackson) no haber recurrido a uno de los habituales del star-doom como protagonista ni haber situado a la maléfica nave invasora en el cielo de Manhattan. La elección de Johannesburgo como escenario de la “llegada” de los alienígenas no parece casual. En una escena pintoresca se puede ver el sórdido interior de la nave lo cual me hizo pensar en el posible aspecto de una embarcación de trata de esclavos: Probablemente eso eran los extraterrestres varados en el espacio aéreo sudafricano. Y digo que la elección de la ciudad no es casual porque a esos visitantes del espacio exterior les toca vivir en un ghetto en la nación que hizo normas legales para justificar la separación de las razas: El apartheid. Abundan los ejemplos de intolerancia: uno muy pintoresco incluye a una mujer negra (nada de eufemismos como “mujer de color”) que se queja con vehemencia de la decisión gubernamental de dar dinero a esa nueva e incómoda minoría. Pero el giro de tuerca que hace realmente subyugante la historia es la ideología de Multi-National United (MNU), el organismo encargado de lidiar con los invitados no humanos del distrito 9. MNU es una corporación privada que “vigila” a los alienígenas. Esa vigilancia de tanto en tanto se torna abusiva tal como lo demuestra Wikus van de Merwe (Sharlto Copley) que nos recuerda que a veces un burócrata es el tipo más eficiente de persona intolerante que existe (para muestra un botón: favor dirigirse a cualquier oficina de gobierno para realizar un trámite odioso. Para garantizar que la prueba controlada tenga al espécimen en su elemento asegurarse de no llevar todos los requisitos). El señor van de Merwe es un petimetre recién ascendido a jefe de la sección de relocalización de extraterrestres y la principal fortaleza de su currículo es ser yerno del mandón de MNU.

Wikus haciendo el trabajo sucio de MNU

Aquí en un momento muy importante de la trama
Wikus no tiene que ser tolerante. Solo tiene que cumplir su deber y lo hace puntillosamente ya sea notificando a los pobladores del distrito 9 de su inminente relocalización o realizando muy quitado de la pena un acto de control de la natalidad cuando encuentra una colonia -ilegal, por supuesto- de embriones de alien. No es mal tipo. Solo tiene eso que Jorge Gómez Barata mordazmente describe así (con mis negritas):
“Parece como si la intolerancia fuera parte del pecado original, mácula que nos hace juzgar implacablemente a lo distinto y a los otros. La arrogancia impide percibir que la otredad es una ruta de dos vías, en la que los papeles se cambian constantemente y que somos respecto a los otros, lo mismo que ellos con relación a nosotros.”
Y si el canon recomienda dar la otra mejilla, amar al prójimo como a uno mismo y, a fin de cuentas, consustanciarse con el otro, en la historia el buen Wikus está a punto de entender en carne propia esos conceptos.
Cuando apareció el tráiler de esta película hubo quien dijo que revelaba mucho de la historia. Nada más falso. Y qué bueno por la mancuerna Jackson – Blomkamp.



