
El duelo representa la quintaesencia del género
“The good, the bad and the ugly” (o “Lo bueno, lo malo y lo feo”) es una película muy especial señalada por trinidades gloriosas: la menos evidente la conforman Sergio Leone (director), Ennio Morricone (compositor) y Luciano Vincenzoni (escritor). Honor a quien honor merece: la música sostiene con maestría el carácter épico de esta obra maestra. De todo lo posible que podría comentarse quiero detenerme en el desenlace, el punto final del tour de force en el que seguimos a Clint Eastwood (“Blondy”, El bueno), Lee van Cleef (“Angel eyes”, el malo) y a Elli Watch (“Tuco”, el feo) atravesar Nuevo México y Texas detrás de un botín de 200 mil dólares que irán a hallar en el cementerio de Sad Hill, como testigos presenciales del horror de la guerra civil y como criminales comunes. Leone atiende el consejo de Eastwood y le hace decir poco, muy poco tanto como hace hablar y hacer a Tuco al tiempo que construye un malo de excepción que acecha a ambos. Digo que Tuco hace mucho, porque generalmente son Blondy y Angel eyes quienes aparecen en escena luego de él de manera fantasmal, muchas veces provocando lo que yo llamo un efecto matrioska. El feo es un ser cínico, desalmado y a la vez entrañable que se despacha con frases cómicas de proporciones como cuando asiste la convalecencia del maltrecho Blondy al cual había obligado a caminar por el desierto casi hasta matarlo y le dice “Yo te tengo, tú me tienes (…) “quiero decir, solo por ahora”.
La película, titulada originalmente “Two magnificent rogues” (“Dos pícaros magníficos”) nunca pierde ritmo precisamente por ese humor ácido (del cual Blondy también participa), la fotografía, la banda sonora y el mérito sin par de los personajes.

- El hombre sin nombre
Bueno, entremos en materia: poco antes de la escena del duelo, Tuco encuentra accidentalmente el cementerio. Lo vemos correr desesperadamente en medio de un mar de tumbas en pos de aquella que tiene inscrito el nombre de Arch Stanton. La cámara, que enloquece con él, parece entender perfectamente su situación. El y Blondy acaban de volar el puente por el que inútilmente disputan los bandos. Blondy acaba de convertirse en el hombre sin nombre como se verá después que Tuco ha excavado la tumba. Ambos son sorprendidos por Angel eyes. Blondy revela la treta con la que ha engañado a Tuco: no le ha dicho el nombre correcto. Lacónico promete escribir cual es ese nombre en una piedra que solo podrán arrebatarle a tiros. Esto señala el inicio de la secuencia del duelo: Blondy se aleja de sus rivales. Ya es el hombre con el poncho color café. Poco después la trinidad está dispuesta en el lugar más apropiado para morir. Angel eyes avanza bala a bala sobre el cinturón, la tensión aumenta con rápidos primeros planos de los protagonistas y sus armas. Blondy parece más relajado pues no deja de fumar el puro que sostiene en una las comisuras. En cambio Angel eyes luce tenso, mucho más preocupado por los movimientos de Blondy que de los de Tuco. En una escena genial la mano de Tuco entra a plano desde arriba mientras a lo lejos vemos al malo y su planopia de cruces. Cuando finalmente desenfundan tanto Blondy como Tuco apuntan hacia Angel eyes pero solo Blondy dispara pues ha tenido el cuidado de vaciar el arma de Tuco. Ojos de angel cae y antes de que pueda devolver el fuego hacia Blondy este le dispara de nuevo haciéndolo caer a una tumba recientemente abierta. Está muerto. Blondy le dice a Tuco, a todos nosotros, que en el mundo solo existen dos tipos de personas: los armados y los que cavan, ¡cava!
Sin duda los spaghetti westerns no serían lo que son sin “Bueno, malo y feo”, “Por unos dólares” y “por unos dólares más”, el gran legado de Leone, Eastwood y Morricone a la cinematografía, la música y la cultura popular.