Skip navigation

Tag Archives: ángeles

La leyenda de MemphisLa leyenda de Memphis

En el principio existió el folklore. En el ocaso del siglo pasado trató de suplantarle un contendiente, el faxlore. Luego de una victoria pírrica de este último ambos fueron reemplazados por el netlore.

Si Elvis no hubiese sido tan Elvis difícilmente se diría todo lo que se dice de él. Un congénere suyo, el “old blue eyes” Frank Sinatra también gozó de fama legendaria. Fama que le relaciona con un relato macabro que Mario Puzo incluyó en su libro “El Padrino”. En la película Coppola y Puzo nos explican pedagógicamente que Don Vito -el Padrino- intercede por su ahijado, un cantante venido a menos (alter ego de Sinatra), para conseguirle una audición a fin de conseguir un estelar. El ejecutivo del estudio no accede a la petición de Don Corleone que tiene que recurrir a “una oferta imposible de rechazar” (la cabeza de su caballo campeón de carreras apilada sobre su propia cama).  

El cine también ha dado guiños sobre el “rey”. Como ejemplos podemos mencionar “Forrest Gump” y “3000 miles to Graceland” aunque presumo que deben haber otros. Las así llamadas leyendas urbanas no son otra cosa que relatos del folklore de la sociedad moderna. El término probablemente haya sido acuñado por el folklorista Jan Harold Brunvand a partir del descriptivo “cuentos de creencias urbanas” (link a su página web). A pesar de que estas historias siempre le pasan a individuos no identificados (¿o alguien conoce a quien asegura haber avistado por primera vez al chupacabras?), a veces entrañan sucesos horrendos (extirpación de órganos, abducción), tienen origen misterioso, surgen como explicaciones sobrenaturales o simplistas de fenómenos poco comprendidos o son derivaciones arbitrarias de eventos reales y parecen haber surgido con el internet y crecer en los fértiles terrenos del correo electrónico no son más que expresiones del vigoroso y ferviente “saber popular”. Sabiduría popular que es todo menos eso y mucho menos es privativa de nuestro siglo. Durante la primera guerra mundial muchos periódicos británicos publicaron relatos de visiones de ángeles armados que luchaban del lado de los aliados en la guerra de trincheras (“Los ángeles de Mons” –link). A propósito de esto David Clarke escribe en Folklore (2002):

“…esta creencia del siglo veinte emergió de un trasfondo de tradiciones religiosas y marciales que tienen su origen final en la Edad Media. San Jorge, de quien se dice apareció para liderar a las tropas que peleaban en Mons, era tradicionalmente considerado como el patrono de los hombres de armas ingleses. (Anteriormente) San Jorge había sido invocado durante las Cruzadas y en el campo de Agincourt (…) (tal como) los franceses habían visto una visión de Juana de Arco y San Miguel, mientras que la infantería rusa había sido conducida por su propio héroe nacional, el general Skobeleff”

 

"Los arqueros" de Machen

"Los arqueros" de Machen

 

Según Arthur Machen el origen de la leyenda de los ángeles de Mons surge de uno de sus relatos literarios publicado en la prensa inglesa primero como ficción y luego como suceso sobrenatural y luego transmitido de boca en boca como suceso real.  Así que una mentalidad mágico religiosa parece ser un elemento importante para la perpetuación de estos “folk-tales” que ahora también han migrado a otras plataformas (radio, televisión e internet). Un interesante alegato titulado “REFLEXIONES ACERCA DE LA PERSISTENCIA DEL PENSAMIENTO MÁGICO – RELIGIOSO EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS” aclara con propiedad que:

“El desarrollo del pensamiento racional parece presentar dificultades especiales para ser aceptado por la gente si lo comparamos con cambios ideológicos de otra clase. Por ejemplo, la mayor parte de las personas han aceptado y asumido, fácilmente y sin reparos, el paso desde una moral religiosa hasta otra moral laica, basada en los valores propios de las sociedades civiles maduras (democracia, tolerancia, respeto de las libertades individuales y de los derechos humanos). Mientras, son todavía pocos los que rechazan creencias erróneas basadas en mitos, supersticiones y prejuicios religiosos.”  

Es evidente que no solo las personas religiosas corren el riesgo de ser crédulas. Como dice Eco citando a Chesterton: “cuando la gente deja de creer en Dios, no es que no crea en nada, sino que empieza a creer en todo“. Lamentablemente los simples (no me juzguen, el término es de Eco -pero lo refrendo) abundan en la grey como fuera de ella a la hora de enfrentarse a historias de pies grandes, chupacabras, fantasmas autoestopistas que se dirigen a Memphis, productos milagro, siniestros usos y riesgos de la Coca cola, correos electrónicos con cadenas macabras, poemas agónicos de García Márquez, horóscopos, numerología y un muy largo etcétera.

 

 

Anuncios

Escuchado en la radio: “…los ángeles nos recuerdan cariñosamente a la infancia”. Una experta e “investigadora” sobre los ángeles y su presencia en el mundo (pero que además posee una tienda con más de 5000 versiones de esos seres alados) le explica a la conductora del programa radial que las ventajas de tener figuras de ángeles en casa son innumerables. Sus sesudas conclusiones van sustentadas por una amplia experiencia de primera mano en el asunto y una serie de testimonios de personas que “han sentido la presencia benéfica de los ángeles”. Realmente la reacción trabaja afanosamente y es prudente valernos de argumentos irrefutables para enfrentarla. No es casual la sugerencia a la infancia porque bien dice alguien por ahí cuando era niño pensaba como niño. Pero si ahora -ya grandes física y mentalmente- nos preguntaran ¿cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler? ni siquiera tendríamos que pensar para responder “tantos como podamos hallar y poner…en la punta de un alfiler”. Bien, solo tenemos que pedir a nuestra experta que nos provea de algunos ángeles (pero no de figuras), ponerlos en fila y equilibrarlos o pedirles -gentilmente de ser posible- que se equilibren sobre nuestro alfiler experimental. 

Esos matrimonios forzados de la razón y la creencia tienen origen medieval -escolástico- y están ideados para justificar la “realidad de lo no visto” que poco a poco ha derivado en la adopción de “valores espirituales” como los que propone en este caso la experta angelóloga. Cuando conviene quien defiende esos valores alude a la fe, pero si el argumento no prospera también es lícito caminar por el terreno incierto pero ampliamente mutable de la seudociencia.