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Tag Archives: ciencia

En radio y televisión es frecuente escuchar especies como: “Le traemos la noticia tal cual es, Ud. opina”. Habitualmente las opciones se reducen artificialmente a blanco o negro: ¿Está a favor o en contra de la pena de muerte, del aborto, de la reelección del presidente, de la venta de un recurso estratégico, de la elección de X futbolista para la selección, etc. etc.?

Sobre la opinión escribe  Vincent Potter mencionando a Kant (Readings in Epistemology, 1993):

“Sostener que algo es verdadero es una ocurrencia en nuestra comprensión la cual, a pesar de que puede reposar en aspectos objetivos, también requiere causas subjetivas en la mente del individuo que hace el juicio” 

Según Potter cuando sostenemos que algo es verdadero, es decir la validez subjetiva del juicio, en su relación a la convicción (el proceso tiene) los siguientes niveles: opinar, creer y saber. Cuando opinamos entendemos que un juicio es concientemente insuficiente tanto objetiva como subjetivamente. El creer surge de un juicio subjetivamente suficiente pero objetivamente insuficiente. Finalmente, sabemos algo cuando las valoraciones objetiva y subjetiva son suficientes.

Asunto peligroso este de opinar, aunque no piensen lo mismo los creadores del sitio web Jyte.com que saludan a los miembros de su red social diciendo “afirma algo y comparte la popularidad” (el American Heritage Dictionary of the English Language define la expresión idiomática street cred como aceptabilidad o popularidad). Los miembros afirman algo, lo que sea, como invita el sitio y la comunidad vota a favor o en contra comentando las razones para inclinarse a favor de una u otra opción. 

La página de inicio de Jyte.com

La página de inicio de Jyte.com

Hice una búsqueda sobre aborto y estos fueron los primeros resultados: 

Resultado típico de búsqueda en "Jyte" (tema: aborto)

Resultado típico de búsqueda en "Jyte" (tema: aborto)

 

Es notorio el énfasis en la convicción (lo que basta para mí porque yo creo en eso) en lugar de la certeza ( lo que debe satisfacer objetivamente a cualquiera atendiendo a la razón) como es evidente en este otro ejemplo:

"La ciencia es una amenaza a la religión basada en la fe" (¡ughhh!)

"La ciencia es una amenaza a la religión basada en la fe" (¡ughhh!)

Yo para no equivocarme respondo lo mismo que le dije a una familia amiga que opinaba de oficio sobre el nombre que debía tener una niña (nieta / sobrina de esos amigos) porque los papás tardaban en decidir. Y puesto que la numerosa familia tampoco alcanzaba un consenso y yo estaba ahí alguien no tardó en preguntar: ¿Y tú que opinas? A lo cual respondí sesudamente: “Mi sincera opinión, en base a los elementos de juicio que me ofrecen… ¡Es que no puedo tener opinión alguna! ”  

Y a propósito de esto aprovecho lo que hoy me escribe mi hermano con esa glosa suya tan característica:

«Te doy una frase en latín, que siempre produce sonrisas en los necios.

Veritas est in puteo”

 


(no lo decía Juan Gabriel, sino Demócrito). “La verdad está en lo profundo” »

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Escuchado en la radio: “…los ángeles nos recuerdan cariñosamente a la infancia”. Una experta e “investigadora” sobre los ángeles y su presencia en el mundo (pero que además posee una tienda con más de 5000 versiones de esos seres alados) le explica a la conductora del programa radial que las ventajas de tener figuras de ángeles en casa son innumerables. Sus sesudas conclusiones van sustentadas por una amplia experiencia de primera mano en el asunto y una serie de testimonios de personas que “han sentido la presencia benéfica de los ángeles”. Realmente la reacción trabaja afanosamente y es prudente valernos de argumentos irrefutables para enfrentarla. No es casual la sugerencia a la infancia porque bien dice alguien por ahí cuando era niño pensaba como niño. Pero si ahora -ya grandes física y mentalmente- nos preguntaran ¿cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler? ni siquiera tendríamos que pensar para responder “tantos como podamos hallar y poner…en la punta de un alfiler”. Bien, solo tenemos que pedir a nuestra experta que nos provea de algunos ángeles (pero no de figuras), ponerlos en fila y equilibrarlos o pedirles -gentilmente de ser posible- que se equilibren sobre nuestro alfiler experimental. 

Esos matrimonios forzados de la razón y la creencia tienen origen medieval -escolástico- y están ideados para justificar la “realidad de lo no visto” que poco a poco ha derivado en la adopción de “valores espirituales” como los que propone en este caso la experta angelóloga. Cuando conviene quien defiende esos valores alude a la fe, pero si el argumento no prospera también es lícito caminar por el terreno incierto pero ampliamente mutable de la seudociencia.