Salte la navegación

Tag Archives: Elvis

Siempre que llegan estas épocas vemos con asombro los desplantes de los sanfermines. Sus tonterías nos llenan el ojo a pesar de ser precisamente eso: tonterías de las muchas que se hacen en el nombre de la tradición. O en este caso como relataba mi hermano por el mero hecho de poder hacerlo (retar a la muerte) pero con la certeza subterránea de que el desenlace fatal solo le puede ocurrir al de al lado. De niño creo haber visto un documental en el que -quiero creer- con cierto grado de humor se decía que en la encerrona se había roto alguna vez el récord (o la plusmarca si quieren) de la milla. Como digo mi hermano lo intentó, es decir correr en la fiesta (no romper el registro de la milla), y gracias a unas destrezas que le explicaron sobre la marcha (girar para pegarse a la pared) pudo superar la prueba. Hecho eso no tardó en atravesar el charco de regreso y seguramente todavía con el recuerdo de ese rito iniciático decidió “morder el polvo” nupcial. Hoy es un feliz esposo y padre de un niño que es mi debilidad. Precisamente eso sugiere que hacer algo nada más porque es factible hacerlo no constituye un comportamiento juicioso y antes de que me acusen aclaro que me refiero a empamplonarse. O quizá es necesario hacer muchas tonterías para por fin, en una de esas extrañas iluminaciones, en un estado de gracia… dar el sí y palmar, digo atinar.

No te viene a saludar

No te viene a saludar

Mi padre es fanático de la fiesta brava. Yo soy de esos que piensan que no es otra cosa que un grotesco espectáculo en el que a veces muere un animal y en el que por lo general se sacrifica un toro. Pero de gustos y colores no han escrito los autores…

Si Elvis hubiese nacido español ¿habría sido torero? ¿cantaría acaso como Peret?

Nada de love me tender, solo “un borriquito como tú…”

¡Salud por mi último sábado de solterío!

Anuncios

La leyenda de MemphisLa leyenda de Memphis

En el principio existió el folklore. En el ocaso del siglo pasado trató de suplantarle un contendiente, el faxlore. Luego de una victoria pírrica de este último ambos fueron reemplazados por el netlore.

Si Elvis no hubiese sido tan Elvis difícilmente se diría todo lo que se dice de él. Un congénere suyo, el “old blue eyes” Frank Sinatra también gozó de fama legendaria. Fama que le relaciona con un relato macabro que Mario Puzo incluyó en su libro “El Padrino”. En la película Coppola y Puzo nos explican pedagógicamente que Don Vito -el Padrino- intercede por su ahijado, un cantante venido a menos (alter ego de Sinatra), para conseguirle una audición a fin de conseguir un estelar. El ejecutivo del estudio no accede a la petición de Don Corleone que tiene que recurrir a “una oferta imposible de rechazar” (la cabeza de su caballo campeón de carreras apilada sobre su propia cama).  

El cine también ha dado guiños sobre el “rey”. Como ejemplos podemos mencionar “Forrest Gump” y “3000 miles to Graceland” aunque presumo que deben haber otros. Las así llamadas leyendas urbanas no son otra cosa que relatos del folklore de la sociedad moderna. El término probablemente haya sido acuñado por el folklorista Jan Harold Brunvand a partir del descriptivo “cuentos de creencias urbanas” (link a su página web). A pesar de que estas historias siempre le pasan a individuos no identificados (¿o alguien conoce a quien asegura haber avistado por primera vez al chupacabras?), a veces entrañan sucesos horrendos (extirpación de órganos, abducción), tienen origen misterioso, surgen como explicaciones sobrenaturales o simplistas de fenómenos poco comprendidos o son derivaciones arbitrarias de eventos reales y parecen haber surgido con el internet y crecer en los fértiles terrenos del correo electrónico no son más que expresiones del vigoroso y ferviente “saber popular”. Sabiduría popular que es todo menos eso y mucho menos es privativa de nuestro siglo. Durante la primera guerra mundial muchos periódicos británicos publicaron relatos de visiones de ángeles armados que luchaban del lado de los aliados en la guerra de trincheras (“Los ángeles de Mons” –link). A propósito de esto David Clarke escribe en Folklore (2002):

“…esta creencia del siglo veinte emergió de un trasfondo de tradiciones religiosas y marciales que tienen su origen final en la Edad Media. San Jorge, de quien se dice apareció para liderar a las tropas que peleaban en Mons, era tradicionalmente considerado como el patrono de los hombres de armas ingleses. (Anteriormente) San Jorge había sido invocado durante las Cruzadas y en el campo de Agincourt (…) (tal como) los franceses habían visto una visión de Juana de Arco y San Miguel, mientras que la infantería rusa había sido conducida por su propio héroe nacional, el general Skobeleff”

 

"Los arqueros" de Machen

"Los arqueros" de Machen

 

Según Arthur Machen el origen de la leyenda de los ángeles de Mons surge de uno de sus relatos literarios publicado en la prensa inglesa primero como ficción y luego como suceso sobrenatural y luego transmitido de boca en boca como suceso real.  Así que una mentalidad mágico religiosa parece ser un elemento importante para la perpetuación de estos “folk-tales” que ahora también han migrado a otras plataformas (radio, televisión e internet). Un interesante alegato titulado “REFLEXIONES ACERCA DE LA PERSISTENCIA DEL PENSAMIENTO MÁGICO – RELIGIOSO EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS” aclara con propiedad que:

“El desarrollo del pensamiento racional parece presentar dificultades especiales para ser aceptado por la gente si lo comparamos con cambios ideológicos de otra clase. Por ejemplo, la mayor parte de las personas han aceptado y asumido, fácilmente y sin reparos, el paso desde una moral religiosa hasta otra moral laica, basada en los valores propios de las sociedades civiles maduras (democracia, tolerancia, respeto de las libertades individuales y de los derechos humanos). Mientras, son todavía pocos los que rechazan creencias erróneas basadas en mitos, supersticiones y prejuicios religiosos.”  

Es evidente que no solo las personas religiosas corren el riesgo de ser crédulas. Como dice Eco citando a Chesterton: “cuando la gente deja de creer en Dios, no es que no crea en nada, sino que empieza a creer en todo“. Lamentablemente los simples (no me juzguen, el término es de Eco -pero lo refrendo) abundan en la grey como fuera de ella a la hora de enfrentarse a historias de pies grandes, chupacabras, fantasmas autoestopistas que se dirigen a Memphis, productos milagro, siniestros usos y riesgos de la Coca cola, correos electrónicos con cadenas macabras, poemas agónicos de García Márquez, horóscopos, numerología y un muy largo etcétera.