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Tag Archives: racismo

Jorge Volpi cita una historia llamada “Los papeles del dragón típico” (Ignacio Padilla) a propósito del asunto migratorio:

Un día el dragón de los cuentos extravía sus papeles -aquellos que lo acreditan como dragón- y a partir de entonces ninguna princesa acepta ser raptada por él y ningún príncipe quiere combatirlo. Poco a poco deja de ser relevante y al final se desvanece. Carecer de papeles significa dejar de existir. O, en nuestro mundo, dejar de ser visto como humano.

(“Perder los papeles”. El País 27/06/2008)

Nuestro mundo ha desarrollado una enorme habilidad para privar a las personas de sus derechos basándose en convenciones, en prejuicios: “Eres muy joven / eres muy viejo”; “no sabes, eres mujer”; “eres listo… para ser negro”. El ejemplo de Volpi pone el dedo en una llaga de absoluta actualidad (sin embargo pienso que se hace poco más allá de la retórica). Quiero referirme a otros dos. Por casualidad hoy ví “Something the Lord Made” (textualmente “Algo que el Señor hizo”, HBO, 2004). Se trata de la historia de Vivien Thomas, técnico negro que asistió en la concepción y puesta en práctica del tratamiento quirúrgico para una enfermedad cardiaca llamada tetralogía de Fallot. Lo curioso es que Thomas no era médico. En realidad no pudo serlo entre otras cosas porque le tocó vivir durante la gran depresión, período en el que trabajó junto a Alfred Blalock (cirujano) en la universidad de Vanderbilt primero como empleado de limpieza, asistente y luego como investigador en técnicas quirúrgicas. Luego acompañó a Blalock cuando este último fue contratado por la prestigiosa universidad John Hopkins, sitio donde Helen Taussig (cardióloga pediatra) involucró al equipo en la búsqueda de una solución quirúrgica para el Fallot. Dicho procedimiento fue llevado a cabo en noviembre de 1944 gracias a las investigaciones de Thomas. Sin embargo el reconocimiento oficial fue para Blalock y Taussig debido a la segregación racial. Esta injusticia duró hasta 1975, cuando la universidad reconoció la labor de Thomas y le concedió un doctorado honorífico en leyes. Justo premio para un autodidacta.

El otro caso es el de Hamilton Naki, un sudafricano cuya historia recuerda la de Thomas. Así lo relata Caroline Richmond en el British Medical Journal (25/06/2005):

Cuando Denise Darvall (26) fue arrollada por un vehículo camino a comprar un pastel en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en 1967, sufrió severas lesiones craneales y disparó una operación que hizo historia. A pesar de ser considerada en muerte cerebral al arribar al hospital, su corazón estaba saludable y continuaba latiendo. Su cuerpo fue encomendado a las manos de Hamilton Naki que de manera experta removió su corazón y se lo dió a Christiaan Barnard (…) (que) luego lo trasplantó a Louis Washkansky (57).

Huelga decir que Naki, antiguo jardinero en la universidad de Ciudad del Cabo y posterior asociado en el laboratorio de cirugía experimental, tampoco fue reconocido por su participación en este suceso. De haberlo sido la ley imperante en aquel entonces (el apartheid) lo habría criminalizado.

Thomas y Naki, héroes y genios que -como el dragón típico de Padilla- carecieron de papeles y como aquella criatura sobrenatural se podría decir que “desaparecieron”. Pero afortunadamente volvieron a materializarse cuando lo que terminó desvaneciéndose fue el prejuicio, aquello que el hombre hizo.

Hamilton Naki

Dr. Vivien Thomas

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Ganadora del Oscar a mejor película (1967)

Ganadora del Oscar a mejor película (1967)

Un tren llega pasada la medianoche a Esparta, Mississipi en una calurosa noche de verano. Poco después el comisario Sam Wood (Warren Oates) hace su ronda nocturna y todo luce tan pacífico como siempre hasta que en una calle oscura descubre el cuerpo sin vida de un empresario blanco. Lo han asesinado. El jefe de policía Bill Gillespie (Rod Steiger) inicia la investigación. En la estación de trenes Wood encuentra a un forastero que viste de traje. El hecho de que es negro y lleva consigo un puñado de dólares lo hace inmediatamente sospechoso. Cuando lo llevan a la estación de policía nos enteramos que el extraño es ni más ni menos un policía de Filadelfia de viaje en Mississipi y, para colmo de sus racistas y simplones colegas de Esparta, experto en homicidios. Gillespie encuentra gracioso su nombre de pila -Virgil- y cuando le pregunta al detective como le dicen él responde con la ya clásica frase: “Me llaman señor Tibbs“. El jefe de Tibbs sugiere que Virgil puede ayudar con la investigación lo cual es aceptado a regañadientes por el jefe Gillespie. Sin embargo a la mañana  siguiente Gillespie pilla a un lumpen sospechoso en posesión de la billetera de la víctima y orgulloso le deja saber a Virgil que puede prescindir de sus servicios. Pero Tibbs le dice tajantemente que de acuerdo a sus investigaciones forenses tiene al hombre equivocado. Gillespie no tiene otra que cambiar el cargo contra el prisionero por el de robo.   

Sidney Poitier
Virgil Tibss es interpretado por el gran Sidney Poitier

Cuando la viuda de la víctima amenaza con suspender una obra que pondría en riesgo el empleo de varios pobladores de Esparta si es que no dejan que Tibbs conduzca la investigación Gillespie debe bajar el tono y pedirle “amablemente” al detective que colabore. Le dice:

“¡Tú eres demasiado listo! Eres más listo que cualquier hombre blanco. Y vas a quedarte a demostrárnoslo. Eres tan terco que no podrías soportarte a menos que nos avergüenzes a todos… No pienso que seas capaz de dejar pasar una oportunidad como ésta.”

Y no solo eso. Gillespie tiene que volverse la niñera de Tibbs para evitar que la airada comunidad blanca de su pueblo lo mate por el simple hecho de ser el negro más listo que hayan visto en su vida. Mientras tanto Tibbs sigue investigando y dejando a Gillespie sin sospechosos. En una escena memorable debe interrogar a un rico propietario y rival de la víctima, un tal Eric Endicott, que ofendido por la idea de ser considerado sospechoso y recordando un pasado esclavista le propina una bofetada a Tibbs. Para su sorpresa Virgil le devuelve el favor y a Endicott solo le queda rumiar su dolor físico y moral ante la inacción del atónito Gillespie. 

La forzada relación entre los policías, inicialmente obligados a trabajar el uno con el otro, va adquiriendo otros matices. En una escena crucial Gillespie debe informar al alcalde del incidente con Endicott. El alcalde le pregunta “¿Qué hizo que cambiaras de opinión sobre Tibbs?” para luego sugerir que antaño una osadía como esa le habría costado recibir un balazo alegando defensa propia. Al oír eso Gillespie comienza a cambiar su inicial aversión racista por respeto al camarada y hacia el final de la cinta por un comportamiento abiertamente amistoso. En la intimidad nos enteramos que son dos solitarios empedernidos como deja entrever la lacónica respuesta de Tibbs (G: Gillespie, T: Tibbs):

G: Perteneces a una minoría selecta.

T: ¿Y eso?

G: Eres el primer ser humano que viene a esta casa.

T: Toda prudencia es poca.

G: Sabes muchas cosas, ¿no es así? ¿ Qué sabes del insomnio?

T: Que el bourbon no Io cura.

G: De eso no hay duda. No tengo ni mujer ni hijos. Tengo un pueblo que no me quiere. Tengo aire acondicionado del que me tengo que encargar yo mismo y un escritorio con una pata coja, y encima tengo…esta casa.¿No crees que eso puede empujar a un hombre a darse a la bebida? Te voy a decir un secreto. Aquí no viene nadie. Nunca.

G: ¿Estás casado?

T: No.

G: ¿Lo estuviste?

T: No.

G (suspirando y triste): ¿Alguna vez estuviste a punto de casarte?

T (reclinándose, más triste y pensando en lo que va a decir): A punto…

G: ¿No te sientes un poco solo?

T: No más que tú.

G: No te hagas el listo, negro.

 

En el calor de la noche” ganó el Oscar a mejor película de 1967. Rod Steiger fue premiado (el 10 de abril de 1968) como mejor actor en perjuicio de Poitier, que ya había recibido esa distinción en 1964 por los “Lirios del valle” y podía haber repetido por las míticas “Adivina quien viene a cenar” y “Al maestro con cariño” lo cual es mucho decir en una época en la que era impensable hablar de un presidente negro, no existían actores como Washington (Denzel), Freeman (Morgan), Whitaker (Forest), etc. y teniendo en cuenta que acababan de matar a Martin Luther King Jr. (4 de abril de 1968). Para concluir les dejo un vídeo en el que pueden disfrutar el tema principal de la banda sonora (“In the heat of the night”) compuesto por Quincy Jones e interpretado por Ray Charles