Skip navigation

Tag Archives: western


Depp como William Blake

Depp como William Blake

Es difícil imaginar a Johnny Depp como protagonista de un western, salvo que se trate de uno muy especial. Y especial tenía que ser la película del director de “Ghost Dog” (1999) y “Night on Earth” (1991), el singularísimo Jim Jarmusch. Esta película (Dead Man, 1995), que además tiene un reparto de lo más variado (Robert Michum, Gary Farmer, John Hurt, Gabriel Byrne, Lance Henriksen, Billy Bob Thornton, Alfred Molina, Iggy Pop y Michael Wincott), inicia con el viaje de William Blake (Depp) hacia el pueblo de Machine donde lo ha llevado una oferta de trabajo en la empresa de un tal señor Dickinson (un decrépito Mitchum). Sin embargo lo único que consigue el tímido Blake es conocer a una vendedora de flores de papel llamada Thel con quien pasa la noche. El problema es que Thel tiene un pasado con Charlie Dickinson (Byrne) que los sorprende en la cama -y en el acto trata de matar a Blake- pero solo consigue herirlo pues Thel se interpone entre ambos. Blake responde con el arma de la chica. Charlie cae muerto. Blake huye como puede. Se podría decir que este es el fin del primer viaje que la película relata. El segundo viaje comienza cuando Blake emprende la huída en compañía del indio “Nadie (Nobody)” (Farmer) que lo halla moribundo. Al saber el nombre del desgraciado que acaba de ayudar Nadie confirma que habla con un muerto viviente (ni más ni menos que el autor del poderoso The Tyger y sobretodo de los Proverbs of Hell).  Mientras tanto Dickinson padre contrata a tres matones para que persigan al forastero por el asesinato de Charlie y su “novia”, pero sobretodo por el robo del “pinto” de su hijo. Adentrándose en el territorio Blake y Nadie se dirigen a una cita cuyo término es fácil de adivinar. Blake se convierte en otra persona, una que responde: “¿Conoces mi poesía?” antes de disparar contra un oficial que le apunta. Una persona que escribe con sangre. Cuando Nadie le advierte que lo siguen, Blake responde:

– ¿Estás seguro? Es decir, ¿cómo puedes saberlo?

Y Nadie dice:

– A menudo el hombre blanco es precedido por su hedor maligno.

Blake es ahora un forajido acusado de asesinar a siete personas. Luego de una escaramuza con un taimado predicador (Molina) y sus acompañantes Blake recibe otro impacto de bala. Débil y siguiendo el curso de un río Blake le pregunta a Nadie:

– ¿Es este el bote que me llevará a través del espejo de agua?

– No, le responde su amigo -Este bote no es lo suficientemente fuerte, William Blake.

Al final de la película vemos como uno de los matones de Dickinson, un sanguinario asesino llamado Cole Wilson (Lance Henriksen) los alcanza a la orilla del mar. Blake está preparado para un entierro ritual. Cole y Nadie se disparan. Detrás de ellos la canoa ritual de Blake -el hombre muerto- se aleja. Como en otros momentos de la película la guitarra de Neil Young acompaña la secuencia.

Nadie preparando a Blake

Nadie preparando a Blake

Aho, William Blake!

Aho, William Blake!

De vuelta al lugar de donde provienen todos los espíritus

De vuelta al lugar de donde provienen todos los espíritus

[clearspring_widget title=”Grooveshark Widget: Chameleon” wid=”48f3ef6c29317865″ pid=”4ad4ec99d2c9d0e4″ width=”400″ height=”300″ domain=”widgets.clearspring.com”]

 

El último western del maestro Peckinpah (1973)

El último western del maestro Peckinpah (1973)

El sólido James Coburn y el sorprendente Kris Kristofferson estelarizan “Pat Garrett & Billy The Kid” (Sam Peckinpah, 1973). Junto a ellos actúan Bob Dylan, Jason Robards, el “indio” Fernández, Slim Pickens y Katy Jurado (entre otros). La historia de Patrick Floyd GarrettWilliam Harrison Bonney (aka Henry Antrim aka Henry McArty aka Billy The Kid) transcurre en el ocaso del siglo antepasado en la inmensidad del suroeste gringo. Coburn y Kristofferson dan vida a dos especímenes en vías de extinción, forajidos y antiguos compañeros de andadas vueltos enemigos. Uno debe perseguir al otro. La película inicia cuando el hombre de la ley (Pat) visita al Kid en su guarida. Mientras beben unos tragos tienen el siguiente diálogo (PG: Pat Garrett, BtK: Billy The Kid):

PG: ¿Puedo hablarte claro?

BtK:Para eso has venido.

PG: La ciudadanía…quiere que te vayas. Que salgas del país.

BtK: ¿Me lo dicen o me lo piden?

PG: Te lo pido yo.  Dentro de cinco días te obligaré a hacerlo.  Porque voy a ser el sheriff del condado de Lincoln.

BtK: El viejo Pat. Sheriff Pat Garrett. Vendido al clan de Santa Fe. ¿Cómo te sientes?

PG: Es… como si los tiempos hubieran cambiado.

BtK: Los tiempos, tal vez. Yo no. Oye, ¿por qué no te quedas? Tenemos algunos días, ¿no?

PG: No, tengo que regresar.

Se levanta para abandonar la cantina. Lo detiene la voz del Kid:

BtK: Adiós, Pat.

PG, dándose vuelta: Adiós, Bill.

BtK: No abuses de tu suerte.

PG, deteniéndose y mirando al Kid: No me preocupa mi suerte.

Garrett abandona el lugar…

Uno de los miembros de la banda del Kid, refiriéndose a Garrett: ¿Por qué no lo matas?

BtK: ¿Por qué? Es mi amigo.

La banda sonora compuesta e interpretada por Bob Dylan es uno de los puntos fuertes de este western:

[clearspring_widget title=”Grooveshark Widget: Chameleon” wid=”48f3ef6c29317865″ pid=”4abc0e4c7f3d0447″ width=”400″ height=”350″ domain=”widgets.clearspring.com]


Un gran momento de la película sucede cuando Garrett forma una “cuadrilla” con su antiguo compinche, el sheriff Colin Bear (Slim Pickens) ¡y la señora Bear! -que no es otra que una aguerrida Katy Jurado- y va en pos de los secuaces de Billy que se han atrincherado en una choza. Muy al estilo Peckinpah los involucrados (sobretodo Pickens y la Jurado) dejan hablar a las armas. Lo peculiar es que la señora Bear se carga a los criminales a punta de escopetazos. Nada de avisos previos. Detrás de ella el viejo Bear responde heroicamente el fuego de uno de los pistoleros pero también recibe dos balazos a las primeras de cambio. Luego se da vuelta y camina rumbo a la orilla del río con aire trágico pero resignado. A lo lejos se observa el crepúsculo. Cuando llega junto a la corriente y se sienta inician los acordes de la mítica “Knockin´on Heaven´s Door” anticipando el desenlace fatal. La Bear (Jurado) lo alcanza. Solo atina a llorar desconsoladamente.

Realmente la película está al nivel de esa otra joya que es “The wild bunch“. Y de igual manera que en esa cinta en esta otra lo inevitable se cierne sobre el futuro de ese par de cínicos, desalmados y moralmente ambiguos personajes tan idos y traídos por el cine: El Kid y el sheriff Garrett.

 

 

Qué tiempos aquellos en los que se podía leer a Cormac MacCarthy en paz. Yo comencé hace algunos años con un absoluto desconocido suyo (por estos lares), su libro “Meridiano de sangre” (Blood Meridian or the Evening Redness in the West). Luego corrió el rumor de que Ridley Scott lo haría película y que sería un western duro y sin concesiones. Entrevistado el sir Scott se atrevió a decir “Necesitas violencia para hacerla (la película) adecuadamente“. Y hablando del origen de esa violencia me era difícil pensar en la caracterización de uno de los personajes del libro, el juez Holden, de quien tiene algo que decir Harold Bloom:

“The first time I read Blood Meridian, I was so appalled that while I was held, I gave up after about 60 pages. I don’t think I was feeling very well then anyway; my health was going through a bad time, and it was more than I could take. But it intrigued me, because there was no question about the quality of the writing, which is stunning. So I went back a second time, and I got, I don’t remember… 140, 150 pages, and then, I think it was the Judge who got me. He was beginning to give me nightmares just as he gives the kid nightmares (…)

…Oh, no, no. The violence is the book. The Judge is the book, and the Judge is, short of Moby Dick, the most monstrous apparition in all of American literature. The Judge is violence incarnate. The Judge stands for incessant warfare for its own sake.”

Bloom añade en esa entrevista que Meridiano… es el western definitivo pues “culmina todo el potencial que la ficción del Oeste puede tener“.

Dicho eso pienso que el director ideal de este western definitivo tendría que haber sido un especialista en lo inevitable como Peckinpah. Pero ahora IMDB afirma que lo de Scott no va más y será otro (Todd Field) el que dirija el proyecto (y además escriba el screenplay). Así que a esperar (la verdad sin mucho ánimo) hasta el 2011.

Pero mientras tanto tenemos otros referentes fílmicos del trabajo de McCarthy: por ejemplo “All the pretty horses” (2000) que pasó sin pena ni gloria (gracias a Matt Damon y Penélope Cruz) a pesar de ser lo mejorcito de la trilogía de la frontera del autor estadounidense. Y claro, ya todos sabemos lo que pasó con el “No country for old men” de los Coen, que es una excéntrica forma de arte como otras tantas expresiones de ese par de hijos de Minnesota y se basa -si tomamos por buenas las reflexiones de Horace Engdahl a nombre de la Academia Sueca- en una literatura provinciana e ignorante de la cual McCarthy ni siquiera ocupa la primera línea:

“Los escritores estadunidenses son demasiado sensibles a las propias tendencias de su cultura de masas, lo cual arrastra consigo la calidad de su trabajo. Ese país está demasiado aislado, es demasiado insular. No traducen lo suficiente y no participan realmente en el gran diálogo de la literatura. Esa ignorancia les limita. Por supuesto, hay una literatura poderosa en todas las grandes culturas, pero no se puede soslayar el hecho de que Europa es el centro del mundo literario… no Estados Unidos” (AP)

Pues por una vez que bueno que la cultura de masas y la “alta cultura literaria” no caminen juntas, pues de haber sido así no habríamos tenido nunca películas como “El Padrino” ni “El Bueno, el malo y el feo” solo por mencionar algunos ejemplos. Y por otra parte hay mucho Le Clézio para quien quiera disfrutarlo.

Y volviendo al tema de este post, este año estrenan “The Road” (Ignoro el título en español, ¿será “En el camino”?), película basada en el libro homónimo de McCarthy. Tanto el tráiler como los datos de producción revelan que hay algunas sorpresas a priori desagradables. Por ejemplo, se antoja que los guionistas intentaron explicar un poco el porqué del “futuro apocalíptico y distópico” con recursos que mas bien corresponden al cine de catástrofe y sus excesos de CGI. No en vano Borges proponía “narrar los hechos como si (uno) no los entendiese del todo“. Además aparece la figura de la “esposa” (Charlize Theron) del ignoto protagonista (Viggo Mortensen)  lo cual luce arriesgado teniendo en cuenta que un punto fuerte del libro es la relación entre padre e hijo. Pero mejor no adelantarnos y esperar teniendo en cuenta que la crítica ha alabado (¡una vez más!) el trabajo de Mortensen y que el director (John Hillcoat) brilló en producciones como “The proposition” (un western australiano altamente recomendable). Veamos:

Vodpod videos no longer available.

El gran Sam Peckinpah

El gran Sam Peckinpah

David Samuel Peckinpah (1925-1984) es una figura legendaria del cine de Hollywood, meca que lo amó y odió en partes iguales. Calificado como nihilista, misógino y violento su justa dimensión muchas veces tuvo que apreciarse lejos de la cultura WASP. Dos películas fueron cruciales para asentar su fama: The wild bunch (1969) y Straw dogs (1971). 

The wild bunch 

Impactante desde los créditos cuando vemos irrumpir a la cuadrilla salvaje en el pueblo de Starbuck con el score de Jerry Fielding. Holden (Pike), Borgnine (Engstrom) y los suyos cabalgan disfrazados de soldados y pasan al lado de unos niños traviesos que contemplan gozosos la suerte de dos escorpiones que han metido intencionalmente en un hormiguero. Alegoría terrible en la cual los niños, como símiles de una deidad que se regodea, e incluso participa de la violencia, deciden el destino de los predadores entregándolos a la furia incontenible de la multitud lo que a fin de cuentas es algo muy parecido a lo que les ocurre a los miembros de la cuadrilla: son bestias fuera de su elemento. Luego del violento y fallido asalto la pandilla huye hacia México. Un antiguo compañero de Pike, Deke Thornton (Robert Ryan), los sigue al comando de un grupo de cazarecompensas. En México conocen al caricaturesco general Mapache (Emilio Fernández) para quien acceden robar un cargamento de armas gringas. Luego de hacerlo con precisión matemática cruzan otra vez la frontera y antes de entregarlas a Mapache uno de ellos, Angel (Jaime Hernández) cede armas y munición a los villistas. Al enterarse de esto Mapache hace prisionero a Angel y lo tortura. Pike y los suyos exigen que les devuelva a su amigo sin lograrlo. Aparentemente conformes enfilan al burdel. Luego del descanso del guerrero Pike se levanta inesperadamente y lacónico les dice “vamos” a los Gorch (Oates y Johnson). Uno de ellos responde ¿porqué no?. Afuera del burdel se les une Egstrom. Los cuatro caminan -armas en mano- en medio de cientos de federales desconcertados. Finalmente llegan ante Mapache y nuevamente le piden que libere a su amigo. Esta vez no son gentiles. El general parece acceder pero ebrio y envalentonado levanta a Angel, lo limpia, corta sus ataduras y traicioneramente lo mata cortándole el cuello. No vivirá para contarlo. La balacera final inicia. Todos mueren. 

Ejemplo de western crepuscular, Wild Bunch es similar al Unforgiven de Eastwood, cuyo William Munny se ha retirado, ha domado a la bestia y sólo vuelve a las andadas y a la furia obligado por un código de honor irrevocable. Este mismo código anacrónico guía los pasos de la cuadrilla hacia su destrucción. Peckinpah lo explica así:

«… mis héroes son perdedores porque están derrotados por anticipado, lo que constituye uno de los elementos primordiales de la verdadera tragedia. Se han acostumbrado desde hace mucho tiempo a la muerte y a la derrota; en consecuencia, no les queda nada que perder».

La cuadrilla a punto de enfrentar a Mapache

La cuadrilla a punto de enfrentar a Mapache

 

Straw dogs

Perros de paja

Perros de paja

Una variación de la anécdota de Tales de Mileto y el pozo contada por Platón aplica para describir esta película: Tales caminaba absorto mirando las estrellas. A prudente distancia una ignorante fámula tracia lo observaba dirigirse a un pozo del que Tales no se había percatado. La única preocupación de la fámula era juguetear con su cabello. Cuando el astrónomo cayó al interior del pozo la fámula tuvo a bien mofarse de él diciéndole que estaba tan ansioso por conocer lo que pasaba en el cielo que no fue capaz de ver lo que estaba a sus pies. Pues bien, David Summer (Dustin Hoffman) es un matemático gringo casado con Amy (una inglesa interpretada por Susan George) que se toma un año sabático en el pueblo de su esposa. No va ahí para convivir: se pasará el año entero creando teoremas y resolviendo fórmulas. Y sí la distancia mental entre Tales y la fámula es enorme (mucho mayor que la profundidad del pozo) algo similar puede decirse de Summers, que absorto por su trabajo ignora monumentalmente a su esposa. Y ella, buscando atención recurre al grupo de lúmpenes que David ha contratado para unas reparaciones en casa. Poco a poco empieza a coquetear con ellos. El grupo amedrenta a la pareja y cuando Amy le pide a David que los confronte él no es capaz de hacerlo. En lugar de eso David accede a salir a cazar con algunos de ellos lo cual no es más que un pretexto para que Tom Hedden (Peter Vaughan), un antiguo novio de Amy, ingrese a su casa y la viole. Esa escena es la que le ganó fama de misógino, de “cerdo machista” a Peckinpah pues deliberadamente nos muestra a Amy con una actitud ambivalente: primero rechazando y luego accediendo al coito. Lo anómalo ocurre después cuando Tom le cede el turno a uno de sus amigos y él también viola a Amy. Aún más: David no se entera del asunto y esto no tiene que ver con el desenlace violento. Una noche que van de regreso a casa, David embiste al tonto del pueblo (Niles) con su vehículo y para atenderlo lo lleva a su casa. No sabe que este personaje ha matado accidentalmente a una chica del pueblo e inocentemente llama a la taberna para comunicar su paradero. Los parroquianos -entre ellos quienes violaron a Amy- van a la casa de los Summer y comienzan a romper las ventanas con la intención de linchar a Niles. Ni siquiera la presencia de la autoridad los detiene. David entiende que es asunto de vida o muerte y en ese punto se torna medieval. En otra vuelta de tuerca contra la mujer, Peckinpah nos muestra a Amy pidiéndole a su esposo que entregue a Niles y luego tratando de hacer entrar a los malosos. Pero Summers es un tipo muy muy listo y de principios: por diversos, ingeniosos y también desesperados medios cobrará la vida de los invasores de su casa.

 

El pueblo, Amy, David y Tom

El pueblo, Amy, David y Tom

 

Para Rodney Welch algunas cosas están claras:

“Si David es abstracto, Amy es concreta…” (…) “Ella es tonta y juvenil, y aún así conoce y respeta el código provincial de su comunidad, el tipo de código  que su esposo menosprecia. Ella está entrenada y criada en los valores del mundo pueblerino donde las tradiciones de apareamiento están enraizadas” (…) Amy realmente no respeta a un hombre que no pueda tomar el control sobre ella…” 

y finalmente:

“…Ella puede representar la visión Neanderthal que Peckinpah tiene de las mujeres — cachondas, obtusas, destinadas a respetar la dominación masculina…” (…) “… (es alguien) que sólo puede respetar personas que actúan ante problemas reales en lugar de perseguir problemas imaginarios” 

La violación de Amy

La violación de Amy

El trastornado David Summer

El trastornado David Summer

Antes me faltó decir que la fámula era tracia porque los tracios eran conocidos por su el culto obsesivo a múltiples deidades lo cual contribuía al estereotipo hombre de ciencia versus personaje mundano (la razón versus la fe absoluta).

Volviendo a la película de Peckinpah en la secuencia final David lleva a Niles al pueblo. Ha dejado atrás (¿para siempre?) a su mujer y me pregunto si ese no es un guiño más del director pues el tonto le dice a David “No sabía como regresar a casa” a lo que Summers responde con absoluta seguridad “Está bien, yo tampoco lo sabía“.

Los invasores

Los invasores

No me tomen a mal pero no puedo contener decir loado seas Sam Peckinpah…

 

El duelo representa la quintaesencia del género

El duelo representa la quintaesencia del género

“The good, the bad and the ugly” (o “Lo bueno, lo malo y lo feo”) es una película muy especial señalada por trinidades gloriosas: la menos evidente la conforman Sergio Leone (director), Ennio Morricone (compositor) y Luciano Vincenzoni (escritor). Honor a quien honor merece: la música sostiene con maestría el carácter épico de esta obra maestra. De todo lo posible que podría comentarse quiero detenerme en el desenlace, el punto final del tour de force en el que seguimos a Clint Eastwood (“Blondy”, El bueno), Lee van Cleef (“Angel eyes”, el malo) y a Elli Watch (“Tuco”, el feo) atravesar Nuevo México y Texas detrás de un botín de 200 mil dólares que irán a hallar en el cementerio de Sad Hill, como testigos presenciales del horror de la guerra civil y como criminales comunes. Leone atiende el consejo de Eastwood y le hace decir poco, muy poco tanto como hace hablar y hacer a Tuco al tiempo que construye un malo de excepción que acecha a ambos. Digo que Tuco hace mucho, porque generalmente son Blondy y Angel eyes quienes aparecen en escena luego de él de manera fantasmal, muchas veces provocando lo que yo llamo un efecto matrioska. El feo es un ser cínico, desalmado y a la vez entrañable que se despacha con frases cómicas de proporciones como cuando asiste la convalecencia del maltrecho Blondy al cual había obligado a caminar por el desierto casi hasta matarlo y le dice “Yo te tengo, tú me tienes (…) “quiero decir, solo por ahora”.

La película, titulada originalmente “Two magnificent rogues” (“Dos pícaros magníficos”) nunca pierde ritmo precisamente por ese humor ácido (del cual Blondy también participa), la fotografía, la banda sonora y el mérito sin par de los personajes.   

El hombre sin nombre
El hombre sin nombre

Bueno, entremos en materia: poco antes de la escena del duelo, Tuco encuentra accidentalmente el cementerio. Lo vemos correr desesperadamente en medio de un mar de tumbas en pos de aquella que tiene inscrito el nombre de Arch Stanton. La cámara, que enloquece con él, parece entender perfectamente su situación. El y Blondy acaban de volar el puente por el que inútilmente disputan los bandos. Blondy acaba de convertirse en el hombre sin nombre como se verá después que Tuco ha excavado la tumba. Ambos son sorprendidos por Angel eyes. Blondy revela la treta con la que ha engañado a Tuco: no le ha dicho el nombre correcto. Lacónico promete escribir cual es ese nombre en una piedra que solo podrán arrebatarle a tiros. Esto señala el inicio de la secuencia del duelo: Blondy se aleja de sus rivales. Ya es el hombre con el poncho color café. Poco después la trinidad está dispuesta en el lugar más apropiado para morir. Angel eyes avanza bala a bala sobre el cinturón, la tensión aumenta con rápidos primeros planos de los protagonistas y sus armas. Blondy parece más relajado pues no deja de fumar el puro que sostiene en una las comisuras. En cambio Angel eyes luce tenso, mucho más preocupado por los movimientos de Blondy que de los de Tuco. En una escena genial la mano de Tuco entra a plano desde arriba mientras a lo lejos vemos al malo y su planopia de cruces. Cuando finalmente desenfundan tanto Blondy como Tuco apuntan hacia Angel eyes pero solo Blondy dispara pues ha tenido el cuidado de vaciar el arma de Tuco. Ojos de angel cae y antes de que pueda devolver el fuego hacia Blondy este le dispara de nuevo haciéndolo caer a una tumba recientemente abierta. Está muerto. Blondy le dice a Tuco, a todos nosotros, que en el mundo solo existen dos tipos de personas: los armados y los que cavan, ¡cava!   

Sin duda los spaghetti westerns no serían lo que son sin “Bueno, malo y feo”, “Por unos dólares” y “por unos dólares más”, el gran legado de Leone, Eastwood y Morricone a la cinematografía, la música y la cultura popular.